El Mundo20/09/2024

Florece el desierto de Sahara y se marchita el Amazonas

La anormalidad involucra la transición del fenómeno de El Niño hacia el de La Niña. Esto produjo tempestades en el sur sahariano, que se ha tornado dos veces más húmedo que la media. En el caso amazónico no solo interviene en las alteraciones del clima.

El desierto del Sahara floreció y puede verse el verde en grandes extensiones de la región sur, gracias a una cantidad de lluvias 5 veces superior a la media. Así lo revelan las imágenes capturadas por el satélite de la NASA (National Aeronautics and Space Administration). En cambio, en lo que todavía es la selva tropical más importante del mundo, el Amazonas, este año la sequía literalmente vació los grandes ríos, convertidos ahora en pistas de tierra quebrada. No hay lluvias y se multiplican los incendios, algunos de ellos intencionales, que corroe el rico bioma.

Esta anormalidad es producto de un fenómeno climático, que involucra la transición del fenómeno de El Niño hacia el de La Niña. Esto produjo tempestades en el sur sahariano, que se ha tornado dos veces más húmedo que la media. Pero en el caso amazónico no solo interviene en las alteraciones, si se quiere naturales, del clima. Hay una actividad humana que, a los incendios forestales originados por la sequedad ambiental, le suma hechos delictivos. Ahora son de dos clases: se trata de las trasgresiones cometidas por individuos que prenden fuego a los árboles con el objetivo de sumar pasto para la cría de ganado.

Pero todo indica que hay también “intereses políticos”. Hace tres días, el presidente Lula da Silva reunió en el Palacio del Planalto a sus ministros, al titular de la Corte Suprema y a los líderes del Congreso. Durante la reunión, el líder brasileño denunció que una buena parte de esos incendios (que superaron los 105.000 sólo en julio y agosto) fueron originados también por razones políticas. “Esas acciones pueden tener intereses políticos” indicó específicamente el presidente. “No podemos olvidar que una persona muy importante, que convocó a la manifestación del 7 de septiembre en la avenida Paulista (protagonizada por la ultraderecha) utilizó la frase: vamos a prender fuego a Brasil”. Aquella marcha fue organizada por el expresidente Jair Bolsonaro, quien a su vez fue el principal orador. En esa cita anunció que destinará 100 millones de dólares a los ministerios involucrados en el combate a las quemas, a la atención de las poblaciones afectadas y a la investigación de los focos creados en forma criminal. En línea con el jefe de Estado,el titular del Senado, Rodrigo Pacheco, fue más contundente: “Hay una orquestación bien organizada, que quiere incendiar el país” declaró. Según el senador “será preciso poner los esfuerzos del gobierno federal, de la Justicia y del Parlamento, para identificar las personas que cometieron esos crímenes y castigarlas”.

Para los especialistas, “cuando más se desmonta la selva, aumenta la intensificación del estrés climático de la región”. Es lo que señala la científica Luciana Gatti, del INPE (Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales), para quién “el área queda cada vez más seca y caliente, con una duración más prolongada que abarca los meses de agosto, septiembre y octubre. Esto es lo que afecta su capacidad de absorber carbono”.

Gatti advirtió que “la sequía actual es también fruto de la intensificación del desmonte de la floresta amazónica a partir de 2019. Los bosques tropicales son parte importante del control climático y su pérdida creciente de superficie crea este escenario de aceleración de los cambios climáticos en Brasil y también global”.

La científica juzga que “los focos actuales de incendios, no naturales, promovidos precisamente en medio de una intensa sequedad ambiental provoca una enorme pérdida de masa vegetal y podemos asegurar que vamos a sufrir en adelante una intensificación de los acontecimientos extremos”. En los cálculos de la experta, las áreas más perjudicadas están en Pantanal (célebre localidad de Mato Grosso del Sur); en el Amazonas y en la Selva Atlántica (que caracteriza los estados de San Pablo y Río de Janeiro). “San Pablo tuvo 1.886 focos de incendio en un único día: el 23 de agosto” recordó. Lejos de lo que se podría pensar, esto perjudica sensiblemente al agro: “Nos muestra que el actual modelo económico basado en las exportaciones de carnes y madera, nos torna cada vez más vulnerables a los cambios climáticos y a los fenómenos extremos que han cobrado muchas vidas brasileñas”.

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