Un país sin rumbo: Irak en llamas y 400 muertos

El Mundo 29 de noviembre de 2019
La derrota de los terroristas dejó fortunas en manos de unos pocos. Pero los jóvenes que pelearon en el frente no recibieron nada. El estallido no tardó en llegar.

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En la ciudad del sur de Irak​ de al-Shatrah, después que los cafés que hay junto al canal han dejado ir a los últimos clientes y los manifestantes que ocupaban la plaza del mercado central se han dispersado e ido a casa, el fantasmal aullido de una trompeta de bronce rompe un silencio intranquilo.

Es la señal para que un grupo de hombres jóvenes vuelvan a congregarse para una noche de acciones personales y dirigidas: incendiar las casas de los funcionarios locales, los políticos y los líderes de las milicias.

En uno de los puentes sobre el Canal de Gharraf, entre dos momentos de corear consignas, los manifestantes debaten qué casa van a atacar. Como internet ha sido cortada y policías antimotines fuertemente armados recorren las calles, los jóvenes han recurrido al llamado de las trompetas, una manera antigua y confiable de comunicarse y organizar las campañas de batallas.

Apostadas en diferentes esquinas del mercado de la ciudad, las trompetas –algunas antiguas de bronce que se usaban en los casamientos y los festivales religiosos, otras vuvuzelas de plástico de colores brillantes- tienen su propio código.

Al igual que muchos pueblos y ciudades de todo Irak, al-Shatrah ha sido escenario de protestas diarias desde comienzos de octubre, cuando cientos de miles de iraquíes salieron a la calle para reclamar el saneamiento del sistema político. Las protestas, impulsadas por la percepción generalizada de que existe corrupción, mala gestión, falta de servicios y desempleo, se han intensificado hasta convertirse en una rebelión contra los partidos religiosos y políticos gobernantes y las milicias asociadas a ellos, que son despreciadas por los jóvenes manifestantes por ser títeres de Irán.​

En el último capítulo de esta ola de violencia, el primer ministro de Irak, Adel Abdul-Mahdi, anunció este viernes que renunciará ante el parlamento tras una noche en la que murieron 40 personas y el principal clérigo shiíta exhortó a los legisladores que quitarán el apoyo al gobierno. (N.del E.)

La respuesta de las autoridades al descontento social ha sido brutal: 400 personas fueron asesinadas y miles resultaron heridas. Los manifestantes han “desaparecido” a manos de hombres enmascarados o han sido detenidos por las fuerzas de seguridad. Bagdad ha sido testigo de la mayor parte de la violencia pero esta también se ha extendido por todo el sur.

En la capital, las sentadas y las huelgas de los estudiantes simbolizan las esperanzas de una joven generación que anhela una política post-sectaria. Pero en el sur, donde las milicias respaldadas por Irán son más fuertes que el Estado o son el Estado y donde un partido o una milicia pueden dominar un aparato de seguridad, la indignación y la furia son más personales y más vengativas.

En Ammara, por ejemplo, la multitud incendió la sede central de una poderosa milicia apoyada por Irán. Los guardias abrieron fuego y, durante los choques que siguieron, los manifestantes sacaron al comandante herido de la milicia de una ambulancia y lo mataron.

“Al principio, sólo unas pocas decenas de personas protestaban”, dice un manifestante alto de 22 años de al-Shatrah. “Pero cuando los habitantes locales oyeron los balazos y vieron que mataban a sus hijos, salieron de su casa. Esto se convirtió en una cuestión de honor y vergüenza. Decidimos liberar nuestras ciudades de estos partidos”.

Muchos de los políticos más poderosos de Irak y de los comandantes de milicias provienen del sur, y hay cinco miembros del parlamento que vienen de la pequeña ciudad de al-Shatrah solamente. El primer ministro, Adel Abdul-Mahdi, es oriundo de un pueblo vecino. Los jóvenes de la región formaron la espina dorsal de las milicias shiítas que lucharon contra el ISIS.

La derrota del ISIS

La ira contra las milicias y los partidos políticos, dicen los activistas, empezó con la derrota del ISIS, cuando los jóvenes volvieron del frente para encontrarse con que sus comandantes se habían convertido en caudillos militares que acumulaban riqueza y contratos con empresas.

“Hay muchos políticos y funcionarios que provienen de aquí y, sin embargo, esta es una ciudad muy pobre de una provincia muy pobre”, dice Mohamed, activista de derechos humanos que se hace oír en su campaña contra la corrupción. “Durante las elecciones, los políticos le dan a la gente frazadas y unas pocas tarjetas telefónicas, contratan a algunas personas para formar parte de la policía, pavimentan una calle… así es como consiguen votos. Después de 16 años de gobierno shiíta, los chicos shiítas ahora dicen que las cosas estaban mejor bajo el régimen de Saddam”.

“¿Quiénes son los Hashed?” pregunta un director de escuela de al-Shatrah, refiriéndose al grupo paramilitar que se formó en 2014 a partir de grupos armados dispares y voluntarios para luchar contra el ISIS. Él mismo se contesta: “Nuestros chicos fueron los Hashed. Estos políticos y comandantes se montaron sobre ellos para lograr sus objetivos”.

Para Mohamed, “el simbolismo y el estatus de los clérigos shiítas se han derrumbado”. “Si el comandante de una milicia viniera a la plaza del pueblo ahora, sería golpeado con ojotas”.

En todo el sur, y en Bagdad, las últimas 48 horas han estado entre las más sangrientas desde que empezó el levantamiento.

El miércoles a la noche, los manifestantes asaltaron e incendiaron el consulado iraní en Najaf, ciudad del sur con antiguos altares de peregrinación que es la sede de los poderosos clérigos shiítas de Irak. Los manifestantes acusaban a las autoridades iraquíes de volverse contra su propio pueblo para defender a Irán.

El jueves antes del amanecer, las fuerzas de seguridad balearon y mataron a 24 personas que bloqueaban un puente en Nassiriya. Los miembros armados de dos tribus entraron a la ciudad para defender a los manifestantes. Más adelante en el día, miles de deudos salieron a la calle, desafiando el toque de queda para enterrar a sus muertos después del tiroteo masivo.

En Bagdad, las tropas abrieron fuego con munición viva y balas de goma contra los manifestantes que se encontraban en un puente sobre el río Tigris y mataron a por lo menos cuatro de ellos.

En el puente de al-Shatrah, se propone un nombre y es rechazado rápidamente. Su casa ya ha sido quemada. Surge otro nombre, pero ese también es rechazado. Finalmente, el grupo coincide en elegir a una parlamentaria local apodada Um Shadda, o la madre del fajo: referencia a los 10.000 dólares que presuntamente les cobra a quienes quieren un puesto en el gobierno.

“Esta es una ciudad pequeña, conocemos a los funcionarios y sus familias, sabíamos cómo vivían antes y cómo viven ahora”, dice un manifestante de 22 años.

“Algunos de los que me rodean recogen colillas de cigarrillo de la calle para fumarlas, otros son graduados universitarios que no pueden pagarse una taza de té. Ven a los hijos de los parlamentarios y los funcionarios que crecieron con ellos conducir grandes camionetas y gastar dinero y dirigir empresas y recibir contratos públicos. Es una injusticia. Todo es personal aquí”.

Fuente: Clarín

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