Cayó la inversión real en el primer semestre

La compra de Maquinaria y equipo, y la Construcción volvieron a caer en junio respecto de un año atrás. Escasez de recursos destinados al crecimiento.
Economía30/07/2026

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Pese a que el Gobierno presenta a la estabilidad macroeconómica como el principal motor para atraer inversiones, los indicadores privados continúan mostrando un escenario muy distinto. Según el último informe de Inversión Bruta Interna Mensual (IBIM) elaborado por Orlando J. Ferreres & Asociados, la inversión real cayó 6,2 por ciento interanual en junio, medida en términos de volumen físico. Se trata del tercer retroceso consecutivo del indicador, que registra una baja de 6,1 por ciento en el primer semestre del año.

En valores corrientes, el monto invertido alcanzó los 7.343 millones de dólares, equivalente al 16,7 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI), una participación que continúa por debajo de los niveles considerados necesarios para sostener un proceso de crecimiento de largo plazo.

La principal explicación del retroceso volvió a encontrarse en la inversión en maquinaria y equipos, que registró una caída de 6,4 por ciento respecto de junio del año pasado. El descenso fue impulsado tanto por la menor compra de bienes nacionales como importados, reflejando la cautela de las empresas para ampliar su capacidad productiva.

La construcción también permaneció en terreno negativo. De acuerdo con la consultora, el sector mostró una contracción interanual de 5,9 por ciento, afectado por la continuidad del freno de la obra pública y por la debilidad de la demanda privada.

Los datos vuelven a poner en cuestión uno de los principales argumentos oficiales: que la baja de la inflación, el equilibrio fiscal y las reformas promercado alcanzarían para impulsar un ciclo de inversiones. Hasta el momento, la recuperación de la actividad continúa apoyándose en sectores puntuales vinculados a las exportaciones -como el agro, la energía y la minería-, mientras la inversión productiva sigue sin mostrar señales de consolidación.

Para el investigador del Centro de Estudios de Economía Política y Desarrollo (Ceepyd), Fabián Amico, el modelo económico de Javier Milei configura un esquema de “estancamiento liderado por exportaciones”. En ese marco distingue dos grandes sectores: por un lado, la economía orientada al mercado interno, que explica la dinámica de las importaciones, la inversión y el empleo; por el otro, los complejos exportadores —agro, minería y energía—, que expanden las ventas externas, pero generan escasos encadenamientos con el resto de la economía, demandan pocos insumos nacionales y tienen un impacto limitado sobre el empleo.

De ese modo, el autor analiza por qué los beneficios del modelo —una inflación baja, mientras el Banco Central acumula reservas y el FMI proyecta un crecimiento del 3 por ciento anual— no se traducen en una mejora generalizada de las condiciones de vida.

La economía argentina posee un mercado interno amplio y las exportaciones de recursos naturales por sí solas no pueden impulsar el crecimiento general ni el desarrollo. En efecto, el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), orientado hacia los sectores exportadores no logró traccionar aún aportes de capital relevantes, pese a la retórica del oficialismo.

Por primera vez desde 1993, se registran cuatro trimestres consecutivos de contracción de la inversión privada en capital fijo en paralelo con una aparente expansión estadística del PIB, sostiene el investigador. Como consecuencia de esta dinámica, entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 se destruyeron más de 217.000 empleos registrados en el sector privado en 21 provincias del país.

El grueso de la caída de la inversión privada se debe a proyectos postergados en sectores vinculados al mercado interno, en un contexto de estancamiento del consumo, los ingresos y el empleo.

Sin políticas macroeconómicas activas —como una distribución más progresiva del ingreso, una política fiscal expansiva y mayor inversión pública en infraestructura— que logren transmitir la bonanza externa hacia el mercado doméstico, el modelo de enclave exportador corre el riesgo de profundizar el estancamiento y el atraso estructural, concluye Amico.

La visión del Ceepyd es compartida por el centro de investigaciones Fundar. Desde allí construyen la imagen de una locomotora —que viene dada por los sectores exportadores que se expanden bajo el actual modelo— que no tracciona otros vagones de la economía, es decir, otros sectores como proveedores locales, ni genera fuentes de empleo o niveles de inversión relevantes en términos agregados. Así se configura una economía partida en dos, con un Gobierno que renuncia a construir los puentes que permitan transformar el boom exportador en desarrollo productivo y bienestar social.

Página12

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