Embajadas, redes sociales e influencers: el plan de Washington para reinstalar la “visión estadounidense”

EEUU ordena a sus embajadas reclutar voces influyentes locales para respaldar sus intereses y contrarrestar la propaganda extranjera.
El Mundo06/04/2026

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Las estrategias de desinformación, propaganda extranjera e influencia digital quedaron en el centro del debate internacional luego de que Washington instruyera a todas sus embajadas y consulados a desplegar campañas activas para “apoyar los intereses estadounidenses” frente a lo que considera una ofensiva coordinada de "actores hostiles". La directiva se conoció en un contexto especialmente sensible para Argentina, atravesada por las recientes denuncias sobre operaciones rusas en medios locales.

La orden surge de un cable diplomático firmado por el Secretario de Estado, Marco Rubio, y revelado por The Guardian, que detalla un amplio abanico de acciones destinadas a contrarrestar la propaganda antiestadounidense en el exterior. El documento insta a utilizar plataformas digitales, ampliar la difusión de contenidos y sumar actores locales para legitimar los mensajes.

La iniciativa estadounidense se da en paralelo a la revelación de investigaciones periodísticas que vinculan a operadores rusos con la financiación de contenidos falsos o engañosos en medios argentinos, con el objetivo de erosionar al gobierno de Javier Milei. En ese escenario, la política exterior y la comunicación estratégica pasaron a ocupar un rol central.

Según el cable, el fenómeno no se limita a un solo país. Washington advierte sobre campañas de influencia provenientes de Rusia, China e Irán, desplegadas a través de medios estatales, redes sociales y operaciones encubiertas, que -según el texto- representan “una amenaza directa para la seguridad nacional” de Estados Unidos y sus aliados.

El documento instruye a embajadas y consulados a cumplir cinco objetivos clave: contrarrestar mensajes hostiles, ampliar el "acceso a información", exponer conductas de actores adversarios, amplificar voces locales afines a los intereses estadounidenses y reforzar lo que define como “contar la historia de Estados Unidos”. Para ello, se promueve el reclutamiento de personas influyentes, académicos y líderes comunitarios en cada país.

El cable es explícito al señalar que estas campañas buscan frenar narrativas que “culpan a Estados Unidos, siembran divisiones entre aliados y promueven visiones del mundo contrarias a los intereses estadounidenses”. El objetivo, según se aclara, es que los mensajes parezcan surgir de manera orgánica en cada sociedad y no como directivas centralizadas desde Washington.

Uno de los puntos más sensibles del texto es la indicación de coordinar acciones con la unidad militar conocida como MISO -Operaciones de Apoyo a la Información Militar- dependiente del Pentágono, históricamente asociada a tareas de operaciones psicológicas. No es habitual que el Departamento de Estado combine de forma abierta diplomacia pública con estructuras militares de este tipo.

Un vocero del Departamento de Estado aseguró a The Guardian que la subsecretaria de diplomacia pública, Sarah B. Rogers, convirtió la lucha contra la propaganda extranjera en una “prioridad absoluta” y que se utilizarán “todas las herramientas del arsenal diplomático”. Sin embargo, evitó pronunciarse sobre la coordinación con áreas militares.

El cable también ordena que la ayuda exterior estadounidense sea claramente identificada, con “la bandera al frente”, para que las poblaciones locales reconozcan el origen de los programas financiados por Washington. A la vez, instruye a convertir embajadas y centros culturales en nodos de distribución de noticias internacionales y análisis independientes traducidos a idiomas locales.

En ese marco, más de 700 “espacios estadounidenses” -bibliotecas, centros culturales y programas de intercambio- serán reposicionados como ámbitos de información “sin censura” y promovidos como zonas explícitas de libertad de expresión en países donde, según el diagnóstico oficial, la propaganda antiestadounidense es generalizada.

La denuncia sobre una red rusa de fake news en Argentina

La difusión del cable coincidió con el impacto local de una investigación de OpenDemocracy, amplificada durante el fin de semana por la senadora Patricia Bullrich y el presidente Javier Milei, que denunció la existencia de una red vinculada a Rusia dedicada a infiltrar contenidos falsos en medios y redes sociales argentinas.

“Una serie de investigaciones periodísticas confirman lo que denuncié hace 6 meses: una red rusa operando para meter noticias falsas en medios y redes sociales contra el Gobierno de @JMilei”, afirmó Bullrich. Y agregó: “Lo denuncié. Se rieron. Ahora está a la vista. Debe haber algunos preocupados hoy”.

Según OpenDemocracy, operadores ligados a intereses rusos habrían desplegado maniobras de desinformación pocos meses después de la asunción de Milei, en respuesta a su alineamiento internacional con Estados Unidos y su respaldo a Ucrania. Los documentos analizados describen una estructura denominada “La Compañía”, presuntamente vinculada al servicio de inteligencia exterior ruso.

La investigación señala que esta red habría operado en más de 20 países de África y América del Sur durante 2024, con acciones de propaganda y operaciones de influencia. En Argentina, el foco habría estado puesto en la creación de una red de distribución de contenidos en medios digitales y redes sociales.

De acuerdo con los archivos, se detectaron al menos 250 publicaciones difundidas entre junio y octubre de 2024, con un presupuesto estimado en 283 mil dólares. Los contenidos incluían críticas a la situación económica, cuestionamientos al ajuste fiscal y referencias negativas a la política exterior del Gobierno, combinadas con mensajes favorables a Rusia y críticas a Estados Unidos.

Uno de los aspectos más delicados fue la aparición de periodistas inexistentes, firmas falsas y perfiles creados con imágenes generadas digitalmente. En varios casos, los artículos llegaron a las redacciones a través de intermediarios que se presentaban como agencias o consultoras, sin controles editoriales estrictos.

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