
Justicialista Gran Sport: un proyecto automotriz histórico
Agustina Tolaba
Por Aries, el historiador Nicolás Gana analizó el libro Historia del Justicialista Gran Sport: el auto de Perón en la memoria de un país industrial, escrito por Facundo Picabea, y explicó cómo este vehículo refleja la relación entre el peronismo y la industria nacional.
Según Gana, la historia automotriz argentina precede al peronismo, con un desarrollo industrial ligado a la autonomía económica y la soberanía, especialmente en el ámbito de la defensa. “Industria igual a soberanía. Desde Enrique Mosconi y la creación de YPF hasta la producción de aviones de Francisco de Arteaga, la industria argentina buscó siempre sostener un proyecto de desarrollo autónomo”, señaló.
Durante los gobiernos peronistas, se impulsó la fabricación de autos nacionales como parte de un plan quinquenal que buscaba reemplazar importaciones y fortalecer la industria local. El Justicialista Gran Sport fue un auto urbano y utilitario con motor de 690 cm³, disponible en sedán, camioneta y furgón, diseñado con piezas locales y mecánica basada en modelos alemanes, aunque adaptada al desarrollo nacional.
Gana destacó que el proyecto enfrentó dificultades. El auto resultó caro, inaccesible para los trabajadores promedio y poco atractivo para sectores ajenos al peronismo. Además, la falta de repuestos y experiencia en mecánica local complicó su producción. A pesar de esto, el Justicialista buscó integrar diseño, innovación y un proceso productivo integral, inspirado en experiencias previas como la fabricación de aviones Pulqui 1 y Pulqui 2.
“El Justicialista Gran Sport pretendía ser un auto de vanguardia para estabilizar y actualizar la industria automotriz argentina. Lamentablemente, tras el golpe de Estado, la mayoría fueron destruidos o incautados; hoy solo quedan dos ejemplares en el país”, indicó Gana.
El historiador también relacionó esta historia con la actualidad, resaltando que la producción automotriz local cayó un 30%: en 2023, solo el 35% de los autos vendidos eran fabricados en Argentina, frente al 70% de años anteriores. “Se importa más y se produce menos. Muchos autos extranjeros ingresan con mejor tecnología y menor costo, y eso está afectando a la industria nacional”, concluyó.
El análisis de Gana deja en evidencia cómo la historia industrial y automotriz argentina está marcada por intentos de autonomía y desarrollo, pero también por dificultades económicas, políticas y tecnológicas que continúan repercutiendo en la actualidad.





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