
Israel planea ocupar el sur del Líbano, destruir aldeas y ampliar la ofensiva regional
En medio de una nueva escalada de la guerra en Medio Oriente, Israel aseguró que planea ocupar partes del sur del Líbano una vez que termine el conflicto con el grupo terrorista Hezbollah, mientras Estados Unidos y el propio Ejército israelí lanzaban una nueva ola de ataques contra objetivos en Irán, incluidos sitios militares, un importante lugar de culto y una instalación nuclear.
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, afirmó que las fuerzas de su país se establecerán en una zona de seguridad dentro de territorio libanés. “Al final de esta operación, las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel) se establecerán en una zona de seguridad dentro de Líbano, en una línea defensiva contra los misiles antitanque, y mantendrán el control de seguridad de toda la zona hasta el Litani“, el río que fluye unos 30 kilómetros al norte de la frontera entre ambos países, aseguró en un video difundido por su oficina.
El ministro añadió que a cientos de miles de libaneses desplazados se les “impedirá por completo” regresar hasta que se garantice la seguridad en el norte de Israel, y sostuvo que “todas las casas de las aldeas adyacentes a la frontera en el Líbano serán demolidas siguiendo el modelo de Rafah y Beit Hanún en Gaza“.
En ese mismo tono, el primer ministro Benjamin Netanyahu reforzó la línea dura del gobierno israelí y defendió la expansión de alianzas en la región. “Seguimos forjando alianzas con países árabes que consideran luchar a nuestro lado”, declaró durante una reunión del gabinete. También arremetió contra Europa: “La debilidad de los líderes europeos se evidencia en que me confiesan en privado que lo saben, pero temen hablar o actuar contra Irán. Nosotros, en cambio, lo sabemos, no tenemos miedo y estamos actuando, lo que está provocando un cambio en el equilibrio estratégico. Estamos forjando alianzas que antes parecían imposibles”, añadió.
La advertencia israelí se produce en paralelo a una intensificación de los ataques contra Irán, más de un mes después del inicio del conflicto. La guerra, que ya dejó más de 3000 muertos, continúa impactando de lleno en los mercados energéticos globales, con interrupciones en el suministro de petróleo y gas natural.
En la madrugada del martes, Washington y Tel Aviv lanzaron una nueva serie de bombardeos sobre Teherán y otros puntos estratégicos del país. Entre los objetivos alcanzados figura la ciudad de Isfahán, donde se encuentra una de las principales instalaciones de enriquecimiento nuclear de Irán. El presidente estadounidense, Donald Trump, compartió imágenes del ataque en sus redes sociales, en medio de su habitual discurso ambivalente entre la presión militar y la vía diplomática.
Analistas sostienen que gran parte del uranio altamente enriquecido del régimen podría estar almacenado en esa zona. Imágenes satelitales previas sugieren que, antes de los ataques, Irán habría trasladado material sensible hacia instalaciones subterráneas cercanas, lo que alimenta la incertidumbre sobre el verdadero impacto de los bombardeos.
En simultáneo, medios iraníes reportaron “varias explosiones” y cortes de electricidad en diferentes sectores de Teherán. También se registraron daños en la Gran Huseiniya, un centro religioso chiita en Zanján, donde murieron cuatro personas, así como en una planta desalinizadora en la isla de Qeshm, en el estratégico estrecho de Ormuz. El gobierno iraní denunció además ataques contra una empresa farmacéutica que produce medicamentos contra el cáncer.
El Ejército israelí, por su parte, dejó en claro que está preparado para sostener la ofensiva durante varias semanas. “Tenemos objetivos para eso, municiones, efectivos y los dirigentes decidirán”, afirmó el teniente coronel Nadav Shoshani, portavoz internacional de las fuerzas israelíes, en una conferencia de prensa.
Horas antes, el propio Netanyahu evitó precisar plazos, aunque aseguró que su país ya alcanzó más de la mitad de sus objetivos militares frente a la república islámica. “La mitad del camino está claramente superado. Pero no quiero fijar un calendario”, declaró en una entrevista con la cadena estadounidense Newsmax.
Ataques en el Golfo
Mientras tanto, la guerra se expande en el plano regional. Irán intensificó sus ataques de represalia y un dron impactó un petrolero kuwaití frente a Dubai, provocando un incendio que luego fue controlado por las autoridades emiratíes. También se registraron explosiones en Emiratos Árabes Unidos y la caída de escombros en zonas residenciales.
En paralelo, Arabia Saudita aseguró haber interceptado misiles balísticos —sin precisar su origen— y reportó heridos tras el derribo de un dron, mientras que en Bahréin se activaron las sirenas antiaéreas. En Israel, en tanto, el Ejército alertó sobre una nueva andanada de misiles iraníes, lo que volvió a poner en alerta a la población.
El impacto humanitario del conflicto sigue agravándose. En Irán, las autoridades reportan más de 1900 muertos; en Israel, 19 víctimas fatales; y en el Líbano, más de 1200 personas han muerto y más de un millón han sido desplazadas. A esto se suman decenas de fallecidos en países del Golfo y en la ocupada Cisjordania.
En este escenario, aliados del Golfo presionan a Washington para que continúe la ofensiva hasta debilitar por completo la capacidad militar iraní. Desde Teherán, sin embargo, el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, defendió las acciones del régimen y buscó justificar la expansión de los ataques. “Nuestras operaciones están dirigidas contra agresores enemigos que no respetan ni a árabes ni a iraníes, ni pueden brindar seguridad alguna“, escribió en la red social X.
La combinación de ofensiva militar, presión diplomática y tensiones energéticas configura un escenario volátil, sin señales claras de desescalada a corto plazo y con el riesgo latente de que el conflicto se expanda aún más allá de sus actuales fronteras.
La Nación







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