Advierten sobre la responsabilidad ética en la creación y consumo de contenidos digitales

Gustavo Iovino, doctor en Ciencias de la Comunicación, puso el foco en el daño potencial de los mensajes, el rol de los usuarios y los límites del Estado frente a las redes sociales y sus contenidos.

Sociedad20/01/2026

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En ‘No es una tarde cualquiera’ – por Aries - el doctor en Ciencias de la Comunicación, Gustavo Iovino, planteó una reflexión crítica sobre la responsabilidad que implica hoy crear y consumir contenidos en entornos digitales, y advirtió que se trata de un debate que excede lo legal para instalarse, principalmente, en el terreno ético.

Iovino sostuvo que estar frente a una cámara, un micrófono o un teclado implica “hacerse cargo” de los efectos de lo que se comunica. En ese sentido, remarcó que una de las principales responsabilidades éticas del creador de contenido es preguntarse qué daño puede estar generando con su mensaje, más allá de que no exista una sanción jurídica directa.

El especialista diferenció las responsabilidades de quienes producen contenidos de las de los usuarios comunes. Aclaró que muchas de las situaciones que se generan en redes sociales no constituyen delitos, pero sí provocan daños, como en los casos de hostigamiento o bullying, donde —según destacó— resulta novedoso y positivo que otros usuarios salgan en defensa de la persona afectada.

En su análisis, Iovino advirtió que la lógica de las plataformas premia el agravio y la polémica, ya que generan mayor repercusión y facilitan la monetización. “Ahí aparece con fuerza la cuestión ética”, señaló, y enfatizó que un creador no debería justificar cualquier acción con el objetivo de lograr viralización o beneficios económicos.

Asimismo, puso el acento en la responsabilidad de los usuarios, al señalar que con frecuencia se responsabiliza a la tecnología por los efectos negativos de las redes sociales, cuando en realidad el problema radica en el uso que se hace de ellas. En ese marco, habló de la necesidad de autocontrol, tanto por parte de quienes producen contenidos —para no dañar a otros— como de quienes los consumen, para no quedar atrapados en una dependencia constante de lo que ocurre en la pantalla.

Finalmente, Iovino advirtió sobre los límites de la intervención estatal en este terreno, al tratarse de un espacio atravesado por las libertades individuales. Comparó el funcionamiento de las redes con una industria que promueve el consumo incluso cuando puede resultar perjudicial, y consideró que la respuesta más efectiva debe darse desde el ámbito educativo, promoviendo el autocontrol y una ciudadanía digital más consciente.

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