Opinión Guillermo Martinelli 02/03/2023

Antartida

Hace una semana, el día 22 de febrero, el Presidente Alberto Fernández con parte de su gabinete se instaló en la Antártida, mas precisamente en la base Marambio con el motivo, entiendo como formal, de conmemorar los 119 años de la presencia nacional en el continente blanco.

Pocos presidentes se instalaron allí ya que con el actual suman cuatro, a pesar de que ha transcurrido más de un siglo desde que nuestro país se encuentra allí conviviendo tanto científicos como militares en la investigación y mantenimiento de la soberanía.

Dije que el motivo tenía la formalidad de conmemorar 119 años desde 1904 con una jamás abandonada vigencia de nuestros derechos sobre esas tierras cubiertas de nieve y hielo. Su importancia es mayúscula si se tiene presente que nuestra proyección a la Antártida puede ser considerada mas escuálida que el famoso triángulo que conocemos en mapas desde la escuela  y ello debido a factores geopolíticos ocurridos en dos momentos históricos: el primero de ellos cuando el Cardenal Antonio Samoré, en representación del Vaticano, vio una luz al fondo del túnel y esa luz se apagó para nuestro país e iluminó a la República de Chile con el fallo a su favor de las Islas Nueva, Lenox y Pitón dictado por el Papa Juan Pablo II; ello sumado al acto de entrega de la soberanía por la dictadura argentina en 1982 decisión militar tomada por la Junta Militar que permitió a Gran Bretaña enseñorearse en las Islas Malvinas, Orcadas y Sandwich del  Sur, también con la intervención del Papa Juan Pablo II. Por tal razón la presencia de nuestro Presidente tiene un significado valioso, al pisar ese suelo que querrá ser disputado por otras potencias mundiales en la retardada Conferencia de 2012.

Nuestra posición será seriamente cuestionada precisamente porque nuestros territorios insulares ya no son los mismos y la proyección se minimiza. Es entonces muy acertado que desde nuestro país se siga consolidando con firmeza los derechos sobre la Antártida y se tenga claro que de ninguna manera para los argentinos y el Estado Nacional la usurpación de las islas del Atlántico Sur por Gran Bretaña y sus aliados es un acto de fuerza no prescriptible en favor de los usurpadores. Habrá momentos históricos distintos a los actuales en los que  no sea la apropiación mantenida por el poder de la fuerza y la complicidad de Estados poderosos la regla y sea el reconocimiento internacional a lo Justo que nos permita recuperar por siempre nuestra Islas.

Pero es igualmente necesario que los argentinos no de manera espasmódica sino constante y fundadamente defendamos nuestros derechos en el continente helado. Está bien remarcado por el presidente que nuestro país se extiende desde la Quiaca a la Antártida y que la Antártida debe ser parte de nuestra cotidianeidad, de tal manera que esté claramente fundada nuestra pertenencia y defensa permanente. El Congreso Nacional tiene la responsabilidad de sostener y crear los instrumentos adecuados para que el pueblo argentino esté compenetrado con la causa Antártida Argentina de tal manera que se sienta que la Argentina es bicontinental y que solo nuestra defensa hará posible la pertenencia perpetua de esa tierra. Las apetencias extranjeras están al acecho  y nuestra debilidad sería lo óptimo para ellas.  

  

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