El duro diagnóstico social que anticipa la llegada del Papa
La media sanción que el Congreso le otorgó al proyecto de ley de discapacidad abrió una ventana de expectativa en medio de un sector acorralado por la urgencia, aunque dejó intacto el interrogante financiero que condiciona cada reclamo. Con la iniciativa en camino hacia la Cámara de Senadores y su futura aplicación atada al Presupuesto, la cautela domina el escenario porque, en los hechos, la emergencia dista mucho de haber sido superada. Para el sacerdote, sociólogo e investigador del CONICET, Pablo Molero, presidente del Foro Permanente para la Promoción y la Defensa de los Derechos de las Personas con Discapacidad, el texto aprobado representa un paso legislativo importante, pero advirtió que el verdadero desafío comenzará a librarse en el terreno de los recursos concretos.
Detrás de las modificaciones introducidas al texto oficialista hubo un intenso proceso de negociaciones que evitó que demandas históricas quedaran fuera del articulado. Si bien el bloque gobernante debió ceder terreno ante los reclamos elevados por las organizaciones sociales y diversos legisladores, Molero insistió en que las buenas intenciones parlamentarias pierden peso si no se traducen en partidas presupuestarias reales. La falta de cobertura en la entrega de medicamentos esenciales, las demoras crónicas en el pago de pensiones y el debilitamiento financiero de las obras sociales —atravesadas por la caída del empleo y la fuga de aportantes hacia la medicina prepaga— configuran un panorama cotidiano donde la subsistencia de miles de familias pende de un hilo.
A esa asfixia prestacional se suma, según el investigador, una lectura trunca de la discapacidad que suele reducir una problemática compleja a una mera condición individual, ignorando deliberadamente las barreras estructurales del entorno, el transporte, la accesibilidad y la comunicación que imponen un muro invisible al ejercicio pleno de los derechos. Esa responsabilidad que recae tanto sobre el Estado como sobre la sociedad civil expone una red de contención social fisurada, donde quienes ya recibían asistencia luchan por conservarla, mientras una franja aún mayor de la población permanece completamente desatendida a la espera de respuestas institucionales que no llegan.
Esa mirada crítica sobre la vulnerabilidad cotidiana empalma de lleno con el debate más amplio acerca de la situación social del país, un terreno donde Molero cruza directamente las estadísticas económicas impulsadas por el Ejecutivo. Al ser consultado sobre la próxima visita del papa Francisco a la Argentina, el sacerdote prefirió correr el foco de los protocolos diplomáticos para poner el acento en las condiciones materiales de las familias más postergadas, aquellas que continúan sufriendo privaciones estructurales imposibles de disimular con optimismo discursivo. Para el titular del Foro, el pontífice se encontrará con una nación profundamente empobrecida, recordando que el verdadero termómetro de la crisis no se mide en despachos oficiales, sino en la urgencia desatendida de quienes sostienen el día a día en los márgenes.
(Con información de Infobae)