Teherán rearma su estrategia: búnkeres nucleares ante el fantasma de una nueva ofensiva de Washington
Frente a la inminente sombra de una nueva escalada militar ordenada por la Casa Blanca, el régimen iraní ha puesto en marcha un operativo de defensa total que combina la fortificación de sus sitios nucleares más sensibles con la descentralización de su infraestructura crítica.
Las recientes imágenes satelitales que revelan imponentes barreras de tierra alrededor de enclaves estratégicos como Natanz no hacen más que confirmar un giro drástico en la postura de Teherán: el paso definitivo de la retórica a la preparación logística para un conflicto abierto.
Lejos de limitarse a proteger su territorio, el aparato de seguridad iraní ha redoblado la apuesta con advertencias directas que rozan la asfixia económica regional. Altos mandos del régimen han deslizado que una nueva ofensiva no quedará circunscrita al suelo iraní, sino que desatará una tormenta de represalias contra centros de datos, cables submarinos de internet y enclaves petroleros de aliados clave de Washington en el Golfo, un tablero donde la infraestructura civil y energética ya comienza a sufrir bajas colaterales con incidentes recientes en el estrecho de Ormuz.
Paralelamente, la maquinaria bélica interna se nutre de una intensa campaña de movilización ciudadana que abarca desde entrenamientos paramilitares exprés hasta la instrucción de unidades civiles en el manejo de armas y drones.
Mientras el Pentágono despliega nuevos refuerzos navales y aéreos hacia la región, el régimen iraní parece dispuesto a tensar la cuerda al límite, transformando cada rincón de su geografía en un bastión de resistencia bajo el cálculo de que la disuasión severa sea su última y única línea de defensa.
(Con información de Ámbito)