Bélgica al borde de una nueva ola de huelgas: 40.000 personas marcharon contra el ajuste
Alrededor de 40.000 personas salieron a las calles de Bruselas para rechazar las medidas económicas impulsadas por el gobierno del primer ministro Bart De Wever. La movilización, encabezada por sindicatos y trabajadores, estuvo marcada por enfrentamientos con la policía, lanzamiento de petardos y fuegos artificiales, y el uso de gases lacrimógenos. El principal foco de tensión es la posible suba del impuesto al valor agregado (IVA), una medida que, según los gremios, agravaría el impacto del ajuste sobre los hogares.
La protesta se desarrolla en medio de las negociaciones por el presupuesto federal de 2029, mientras el Ejecutivo busca reunir 10.000 millones de euros adicionales para adecuar las cuentas públicas a las reglas europeas de gasto. La central sindical FGTB fijó una serie de condiciones que considera innegociables y advirtió que, si el gobierno las cruza durante las discusiones presupuestarias de octubre, podría convocar una huelga general en la semana del 23 de noviembre. "Esperamos que el gobierno rectifique su rumbo", sostuvo el gremio, que también anticipó nuevas medidas de fuerza.
El conflicto ya comenzó a afectar el transporte y las conexiones aéreas. Se anunció una huelga ferroviaria para el lunes 12 de octubre, mientras que los servicios de subte, tranvías y colectivos registraron interrupciones y demoras. Además, al menos 100 vuelos fueron cancelados en el Aeropuerto de Bruselas debido a la falta de personal en la empresa de asistencia de equipajes Alyzia, cuyos trabajadores se sumaron a las protestas contra las políticas federales.
En paralelo, las negociaciones presupuestarias continúan sin avances decisivos. El jueves, De Wever advirtió ante el Parlamento que, si no se adoptan medidas de consolidación fiscal, los intereses de la deuda podrían convertirse en una «bola de nieve» a partir de 2029, o incluso antes. Según el primer ministro, postergar las decisiones obligaría a aplicar recortes e intervenciones mucho más severos en el futuro. Con los sindicatos dispuestos a profundizar las protestas y el gobierno bajo presión para cerrar las cuentas, Bélgica enfrenta semanas decisivas para definir el rumbo de su política económica.
(Con información de Ámbito)