A los 15 años, uno de cada cuatro estudiantes ya realizó algún trabajo
Los resultados de las pruebas PISA 2025 volvieron a poner en evidencia las dificultades del sistema educativo argentino, pero un trabajo del IERAL propone mirar el problema desde otro ángulo: su impacto económico de largo plazo, en tanto 1 de cada 4 jóvenes de 15 años ya hizo algún trabajo remunerado. Y la situación escala entre los jóvenes de menos recursos porque en ese caso el número se eleva a 1 de cada 3 chicos, entre los que declara haberlo hecho.
Estos datos forman parte de un informe elaborado por Laura Caullo y Guadalupe Galindez, responsables de la sección Social-Laboral de Novedades Económicas del IERAL, en el que advierten que el deterioro de los aprendizajes no sólo condiciona las trayectorias educativas de los adolescentes sino también las capacidades productivas con las que contará el país en el futuro.
El punto de partida es crítico. Argentina obtuvo 367 puntos en Matemática, 389 en Lectura y 393 en Ciencias, con caídas de 11, 12 y 13 puntos, respectivamente, frente a 2022. Fue la primera vez que el país retrocedió simultáneamente en las tres áreas y, en Matemática, alcanzó el resultado más bajo de los últimos 20 años.
Pero el dato más preocupante aparece cuando se observa qué proporción de estudiantes logra alcanzar las competencias básicas. El 75,8% de los alumnos argentinos quedó por debajo del Nivel 2 en Matemática, mientras que en Lectura fue el 59,6% y en Ciencias, el 59,3%. En otras palabras, tres de cada cuatro adolescentes de 15 años no alcanzan los conocimientos básicos esperados en Matemática y cerca de seis de cada diez tampoco lo hacen en las otras dos áreas.
La Lic Laura Caullo fue contundente: "A los 15 años, más de uno de cada cuatro estudiantes ya declara haber realizado algún trabajo remunerado, y entre los de menores recursos es uno de cada tres" dijo.
Tal como explica la responsable del área social-laboral del IERAL, "para muchos chicos, la inserción laboral empieza a convivir muy temprano con la trayectoria educativa. El desafío es que están entrando al mundo del trabajo cuando una proporción muy alta todavía no alcanzó las competencias básicas que ese mismo mercado laboral les va a exigir más adelante", consideró.
Un problema de capital humano
Las autoras plantean que el problema excede el debate educativo porque estos adolescentes serán parte de la fuerza laboral de las próximas décadas.
La capacidad para razonar, resolver problemas, incorporar nuevas tecnologías y continuar aprendiendo forma parte del capital humano de una economía y, por lo tanto, incide sobre sus posibilidades de crecimiento futuro.
"Para una economía, el problema excede la discusión educativa", señalan las autoras. Y agregan que la estabilidad macroeconómica, la inversión y mejores reglas de juego son condiciones necesarias para crecer, pero que sostener ese crecimiento también requiere capital humano, cuya formación demanda mucho más tiempo.
La preocupación no pasa sólo por el promedio. Apenas 8,4% de los estudiantes argentinos alcanza el Nivel 3 o superior en Matemática, frente al 15,2% en Chile y el 18,8% en Uruguay.
Al mismo tiempo, Argentina muestra una tendencia de largo plazo hacia un mayor deterioro. En 2009, el 63,6% de los estudiantes estaba por debajo del nivel básico en Matemática. En 2025, esa proporción trepó al 75,8%, el máximo de la serie comparable.
A los 15 años, casi 28% ya trabaja
El estudio suma otro dato con fuerte contenido económico: el 27,6% de los adolescentes de 15 años declaró haber realizado algún trabajo a cambio de una remuneración durante las dos semanas anteriores a la evaluación.
La proporción aumenta entre los sectores de menores ingresos. Dentro del cuartil socioeconómico más bajo, llega al 33,9%, es decir, prácticamente uno de cada tres estudiantes.
Si bien no podría establecerse una relación directa en el hecho de que el trabajo sea la causa directa del bajo rendimiento académico, el estudio lo incorpora como una de las condiciones que acompañan las trayectorias educativas y que muestran las fuertes diferencias con las que los jóvenes llegan a esa edad.
A esto se suma la repitencia. El 17,7% de los alumnos de 15 años había repetido al menos un año durante la primaria o la secundaria. Entre los estudiantes pertenecientes al 25% de menores recursos, esa proporción alcanza el 28,7%, mientras que entre los de mayores ingresos baja al 6%.
Otra variable que aparece en el trabajo es el ausentismo. El 27,8% de los adolescentes argentinos dijo haber faltado al menos una vez a clases durante las dos semanas previas a PISA.
Nuevamente, la situación es más marcada entre los hogares de menores ingresos: allí el porcentaje llega al 33,8%. Sin embargo, el fenómeno atraviesa a todos los estratos sociales, ya que incluso entre el cuartil de mayores recursos el 19,2% manifestó haber faltado.
La diferencia en los resultados es significativa. Los estudiantes que habían faltado obtuvieron, en promedio, 31 puntos menos en Matemática, 36 menos en Lectura y 39 menos en Ciencias respecto de quienes no habían registrado ausencias.
Las autoras advierten, sin embargo, que esos números deben interpretarse con cautela: PISA permite detectar asociaciones, pero no demostrar que faltar a clases sea por sí solo la causa de un determinado deterioro en el puntaje.
La desigualdad también se refleja en los aprendizajes
La brecha socioeconómica sigue siendo uno de los factores más visibles detrás de los resultados. En Matemática, los estudiantes pertenecientes al cuartil de menores recursos obtuvieron un promedio de 342 puntos, frente a 421 puntos entre los del cuartil superior. Son 79 puntos de diferencia.
A esa distancia en los aprendizajes, las autoras suman además las trayectorias diferentes: los adolescentes de hogares con menos recursos repiten más, faltan más y tienen una mayor participación en actividades laborales.
De acuerdo con el IERAL, la lectura de PISA debería por eso ir más allá de la posición argentina en un ranking internacional. Los resultados muestran las condiciones con las que una generación está llegando al final de la educación obligatoria y, por extensión, al mercado de trabajo.
El desafío económico es de largo plazo. Una economía puede estabilizar variables, recuperar inversiones o mejorar sus reglas en pocos años, pero reconstruir capital humano exige décadas. Como se advierte, lo que ocurre hoy dentro de las aulas determinará buena parte de las capacidades productivas con las que contará la Argentina mucho después de la próxima elección.
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