Publicidad Engañosa
Y mientras lo escuchaba pensé que quizás acababa de encontrar una de las mejores definiciones para explicar algunas cosas que pasan en la política.
Porque si uno compra un producto que promete una cosa y trae otra, puede reclamar en Defensa del Consumidor.
Pero si vota a un candidato que promete una cosa y después hace exactamente la contraria, ¿dónde reclama?
Nos estaría faltando una Defensa del Elector.
Porque de publicidad engañosa política tenemos bastante.
Diputados que prometían independencia y descubrieron la obediencia. Los que venían a terminar con la casta y rápidamente encontraron una silla bastante cómoda dentro de ella. Los que aseguraban que jamás acompañarían determinadas cosas y después levantan la mano con una elasticidad digna de un profesor de yoga.
Y siempre aparece una explicación maravillosa:
“Cambió el contexto”.
El contexto debe ser uno de los personajes más poderosos de la política argentina. Hace cambiar discursos, alianzas, votos y hasta convicciones.
Claro que cambiar de opinión no está mal. La política también implica escuchar, aprender y revisar posiciones.
El problema es otro: vender una cosa para conseguir el voto y entregar otra después de conseguirlo.
Y esto tampoco es nuevo.
Nuestra historia está llena de conversiones: radicales que terminaron con peronistas, peronistas que fueron menemistas, menemistas que después parecían no haber conocido nunca a Menem, kirchneristas convertidos en antikirchneristas y ahora anticasta que descubrieron que la casta, bien mirada, tampoco era tan incómoda.
Darwin podría haber escrito tranquilamente El origen de las especies políticas.
Pero hay una diferencia entre aquellos tiempos y estos: hoy existe archivo de todo.
Quedan los discursos, los videos, los posteos y, fundamentalmente, quedan los votos.
Por eso quizás tengamos que mirar menos TikTok y un poco más los tableros de votación.
Menos slogans y más proyectos.
Menos “yo jamás” y más “yo voté”.
Porque, como dice el viejo refrán, el hábito no hace al monje.
Y en política podríamos agregar:
el discurso no hace al diputado; lo hacen sus actos y sus votos.
Así que Gauffin me dejó pensando.
Quizás en las próximas elecciones, debajo de algunos carteles de campaña, deberíamos agregar esa letra chiquita que aparece en las publicidades:
“Lea atentamente las condiciones. Las opiniones, principios y convicciones expresadas durante la campaña pueden sufrir modificaciones después de asumir.”
Por lo menos así…
nadie podría denunciarlos por publicidad engañosa.