Editorial Cara a Cara: "Una pasión que une y una crisis que preocupa"
La Selección nos está dando muchas alegrías, seguramente las alegrías que no nos dan los gobiernos. Con lo mal que la está pasando la gente, una alegría como esta, que además no cuesta nada más que sentarse frente al televisor para hacer cábalas, promesas o rezos, es un alivio. Después llega el triunfo y podemos disfrutarlo, sobre todo de lo que pasó ayer, porque lo de ayer fue realmente monumental.
Ahora bien, eso también está asociado a la política, y todo termina asociado a la política. ¿Por qué no habría de estarlo? El trapo que sacaron los jugadores ahora genera la posibilidad de una sanción por parte de la FIFA, porque se considera que introdujeron un mensaje político dentro de la cancha. No se sabe qué va a pasar, pero creo que mucho dependerá del resultado del domingo. Si Argentina llega a ganar y se consagra campeona del mundo, probablemente las cosas se diluyan.
Si no sucede, no sé qué podrá pasar. Pero, mire, si en la FIFA no pasó nada después de la tarjeta roja que le anularon a un jugador de Estados Unidos, difícilmente puedan pasar cosas peores. Lo grave es la revolución que está generando este nuevo formato del fútbol. Cuarenta y cinco equipos disputando un campeonato en tres países distintos. Si a usted ya le parecía raro, no se extrañe, porque el próximo será todavía más extraño.
¿Por qué? Porque se jugará en dos continentes dentro de cuatro años. Está previsto que haya partidos en Uruguay, Brasil y Argentina, de este lado del Atlántico, y también en Europa. Tendremos un campeonato, tal vez, con sesenta y ocho equipos, lo que permitirá recaudar más del doble de lo que se facturó en este.
¿Sabe cuánto se lleva el campeón del mundo? Más allá de la gloria, el premio económico es enorme. Lo que realmente nos sacan es la plata por nuestra pasión. El que vive el fútbol con intensidad y quiere ver a su equipo termina pagando cifras impensadas. Se han vendido entradas de diez mil o quince mil dólares para un espectáculo de apenas noventa minutos. Es, probablemente, el espectáculo más caro del mundo, con veintidós jugadores en la cancha.
El equipo que gane el Mundial se llevará cincuenta y un millones de dólares, nada más y nada menos. Ese dinero irá a la Asociación del Fútbol Argentino si el campeón es Argentina, o a la Federación Española de Fútbol si el campeón fuera España, sin contar los contratos publicitarios que tienen los propios jugadores. Es un negocio extraordinario para todos.
¿Y de dónde sale ese dinero? De la pasión de la gente. No parece racional pagar diez o quince mil dólares por una entrada adquirida en la reventa, otro de los grandes negocios que rodean al fútbol, para asistir a un partido de noventa minutos.
Ayer escuchaba a un señor al que le preguntaban si iba a ir a la final. Contestó que sí. Le preguntaron si tenía con qué pagarla y respondió: "Vendo la casa". Porque nunca más voy a tener la oportunidad de ver una final de un Mundial, dijo. La casa la volveré a comprar y, cuando regrese a Buenos Aires, alquilaré otra. Pero una casa nunca me dará lo que significa ver una final del campeonato del mundo, y mucho más si juega Argentina.
Hay de todo en la viña del Señor. Hay gente que ha quedado endeudada hasta el próximo Mundial por lo que gastó en este. Quienes organizan este negocio saben muy bien cómo sacarles el dinero a las personas, pero lo hacen aprovechándose de la pasión. No venden un automóvil ni un bien que queda para siempre; venden un espectáculo de noventa minutos que, para muchos, representa una parte muy importante de su vida.
¿Por qué ocurre esto? Porque hoy la Argentina ofrece pocas alegrías. En un país donde mucha gente no llega a fin de mes, alguien habrá pensado que había que darle una satisfacción. Quien tiene dinero lo gasta y quien no lo tiene se endeuda, incluso hasta el próximo Mundial.
Esta noche vamos a hablar de otro tema que preocupa profundamente: la salud en nuestro país. Lo que ocurre en las provincias está directamente relacionado con la situación nacional. Cada vez más personas dejan sus obras sociales porque ya no pueden pagarlas. ¿Y dónde terminan atendiéndose? En los hospitales públicos.
¿Y cómo están los hospitales? La verdad es que muy mal. Atienden a más personas, pero cuentan con menos recursos. Por lo tanto, el sistema de salud está atravesando una situación muy difícil.
Además, se han reducido numerosos servicios del PAMI. Es como si el organismo ya no ofreciera respuestas suficientes. Se recortaron medicamentos y muchos jubilados, que ya cobran haberes muy bajos, deben afrontar gastos imposibles. Quien no pudo ahorrar durante su vida o no cuenta con una propiedad prácticamente queda desamparado.
Si una persona con una enfermedad oncológica pierde el acceso a los medicamentos y tampoco puede acceder a un médico que la atienda, el mensaje que recibe es devastador: quédese en su casa y espere. Esa es, a mi entender, la política que está llevando adelante este gobierno.
También se paralizaron prácticamente todas las investigaciones en salud. No fue porque hubiera una mala conducción o porque los investigadores fueran incapaces. Simplemente se cerraron programas y organismos, y así el país se está quedando sin investigadores.
Por eso, esta noche tuve la idea de invitar a un hombre que puede hablar con autoridad sobre estos temas. Fue ministro de Salud de la provincia entre 2003 y 2004, durante el gobierno del doctor Juan Carlos Romero. Resultó una designación llamativa, porque Romero no era precisamente radical ni un dirigente conocido por integrar espacios políticos diversos. Sin embargo, eligió a este hombre por su capacidad profesional y no por acuerdos políticos.
Más tarde fue director del Centro Nacional de Investigaciones Nutricionales. Es nutricionista de profesión y, en 2013, el Concejo Deliberante de la ciudad de Salta lo distinguió como ciudadano destacado. Es una personalidad reconocida y, además, un hombre íntegro.
Lamentablemente, ya no participa en política. Y uno se pregunta por qué los buenos terminan alejándose. Hay mucha gente valiosa que militó durante toda su vida y hoy ya no quiere saber nada con la política. ¿Qué experiencia habrán vivido para alejarse definitivamente?
Esperamos conversar esta noche con Carlos Zubeida, de quien estamos hablando, para que nos cuente su visión sobre la salud y también sobre su paso por la política.
En el segundo bloque estaremos con el jefe de Gabinete de la provincia, el ingeniero Sergio Camacho. Más allá de la figura del gobernador, es una de las personas con mayor responsabilidad dentro del Ejecutivo provincial.
Porque están ocurriendo muchas cosas. Se amplían programas de asistencia para quienes más lo necesitan, se entregan garrafas, se aplican descuentos en la luz y en el agua. Evidentemente, hay una realidad social que obliga a tomar estas medidas. Tradicionalmente, estos programas provenían del Gobierno nacional; hoy, en muchos casos, son financiados por la propia provincia con recursos de todos los salteños.
¿Y por qué puede estar ocurriendo esto? Porque la situación de la gente es muy difícil. Hace apenas unas semanas hablamos con una especialista que nos contaba la cantidad de quiebras personales que se están presentando en la provincia. Antes las quiebras eran de grandes empresas que ya no podían afrontar sus deudas. Hoy quienes recurren a ese mecanismo son policías, maestros y empleados públicos.
¿Por qué? Porque tienen hasta el ochenta por ciento de sus ingresos comprometidos con bancos y financieras. La única alternativa que les queda para intentar salir adelante es presentarse en quiebra, acreditar su situación y evitar que les descuenten más dinero del sueldo, porque, de lo contrario, directamente no pueden comer.
Esa es una realidad inédita en nuestra provincia, y será uno de los temas que esta noche abordaremos con el ingeniero Sergio Camacho".