Las Armas, en la segunda enmienda
La Segunda Enmienda dice “siendo necesario una milicia viene ordenada para la seguridad de un Estado libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”.
En la contratapa del libro de Paul Oster y Stephen spins Spencer o stranger, titulado “Un país bañado en sangre”, el editor transcribe estas palabras del primero: “ningún tema divide más a los estadounidenses que el debate sobre las armas”. Actualmente, hay más armas que personas en Estados Unidos y, cada día, más de 100 personas mueren a causa de ellas. Con estas cifras, sólo cabe preguntarse: ¿por qué es tan diferente Estados Unidos y que nos convierte en el país más violento del mundo occidental?.
Oster es un laureado escritor norteamericano, autor de la “Trilogía de Nueva York”, de “El Libro de las ilusiones” y “Del diario de invierno”, entre otras novelas. Además, escribió cuentos y hasta guiones cinematográficos.
En este trabajo, el antes nombrado junto a sus yerno, el fotógrafo Spencer o stranger, nos ayudan a contestar esos y otros interrogantes sobre las armas. El libro apareció en marzo de este año, según la traducción de Benito Gómez Ibáñez y fue editado por CeX Barral de la editorial Planeta.
Tiene 188 páginas, en el que se complementan el estilo narrativo de Oster, que sabe cómo contar buenas historias, siempre claro y atractivo para el lector, con la singulares cualidades de un fotógrafo profesional.
Oster introduce al tema de las armas en su país y luego lo analiza con profundidad y compromiso, especialmente en contra de la Asociación Nacional de rifle y sus aliados. Ostrader aporta lo suyo, para lo cual debió cajas viajar por todo el país, durante dos años, tomando las mejores fotos de edificios públicos y privados que en su momento fueron las escenas del crimen.
Todas las fotografías fueron publicadas en blanco y negro, lo que ya es una elección y a la vez, un mensaje. Las fotos fueron tomadas exactamente en 28 lugares situados en un buen número de estados. El primero de los casos ilustrados sucedió el 8 de enero del año 2011, en Tucson, Arizona; y murieron 15 personas. El último, tuvo lugar en Nevada; allí murieron 61 personas; 897 si 897 resultaron heridas, por disparos o como consecuencia del caos subsiguiente.
La versión original de texto que presentamos, era más extensa pues este articulista había incluido todos los casos. Aquella fue modificada porque en verdad se entendió que resultaría abrumadora para quienes son oyentes o lectores. Sí puede añadirse que los ataques eran armados contra las personas, de estos 28 casos, se repitieron en los estados de Colorado, Washington, California, Pensilvania, Texas, Florida y Ohio.
Es un libro que merece ser leído. A manera de ejemplos, elegí estos textos que cito “…sospecho que mi indiferencia hacia las armas proviene del hecho de que mi entorno no había nada que me hubiese predispuesto a la afición por ellas. Ni padre ni mi madre ni ninguno de nuestros parientes poseían armas de fuego…” –página 18-.
También éste: “Cuando hablamos de tiroteos en este país, invariablemente centramos el pensamiento en los muertos, pero rara vez hablamos de los heridos, de los que han sobrevivido las balas y siguen viviendo, a menudo con devastadoras heridas permanentes; el codo hecho añicos, que deja inútil el brazo, la rodilla pulverizada que convierte el paso normal en una dolorosa cojera, o el rostro destrozado recompuesto con cirugía plástica y una prótesis de mandíbula…” - página 26-.
Dos notas finales. Una cifra: en la actualidad hay 393 millones de armas en los Estados Unidos. Este caso: “Distrito de Columbia contra Heller”, resuelto por la Suprema Corte de ese país en el año 2008, por una ajustada mayoría de 5 a 4. El juez escalia, redactó el primer voto, diciendo que el derecho a poseer y portar armas también es aplicable a los individuos