Alerta climática: estiman un 90% de probabilidad de que vuelva el fenómeno de El Niño

Informes internacionales advierten sobre un posible evento de gran intensidad con impacto global en lluvias y temperaturas
Sociedad15/06/2026

El monitoreo satelital de la NASA reveló la semana última una acumulación inusual de olas de agua cálida en el Pacífico, alertando sobre la inminente formación del fenómeno de El Niño y sus posibles efectos extremos a fines de 2026.

Sumado a eso, un reciente informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) refuerza la advertencia: existe un 90% de probabilidad de que El Niño regrese en el segundo semestre del año, con potencial para alcanzar una intensidad elevada. La comunidad científica internacional sigue de cerca los cambios en la dinámica oceánica y atmosférica global como parte de una vigilancia inédita para anticipar uno de los eventos climáticos más disruptivos del planeta.

El fenómeno de El Niño ocurre cada dos a siete años y consiste en el calentamiento anómalo de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial central y oriental, lo que produce alteraciones profundas en los vientos, las lluvias y las temperaturas en regiones distantes entre sí. La clave para predecir su aparición se encuentra en la observación detallada de la temperatura de la superficie y las capas profundas del océano, así como el comportamiento de los vientos y la presión atmosférica en ambos extremos del Pacífico.

El satélite Sentinel-6 Michael Freilich, lanzado en 2020 por la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) para el programa Copernicus de la Unión Europea, se consolidó como la herramienta central para el monitoreo global del nivel del mar. Cada 10 días, este instrumento mide la altura de la superficie oceánica con precisión milimétrica, permitiendo detectar señales tempranas del fenómeno a través del seguimiento de las llamadas olas Kelvin cálidas.

Estas olas se forman cuando los vientos del oeste, que normalmente soplan de este a oeste, invierten su dirección y debilitan el flujo habitual, favoreciendo el avance de aguas cálidas desde el Pacífico occidental hacia la costa de Sudamérica.

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El desarrollo de El Niño: señales, anomalías y proyecciones

En los primeros meses de 2026, el Sentinel-6 detectó la formación de varias olas Kelvin, una de las cuales elevó el nivel del mar cerca de Perú más de 15 centímetros por encima del promedio histórico a mediados de mayo. Los científicos interpretan este dato como un fuerte indicio de que El Niño podría formarse en el último trimestre del año.

Si bien el fenómeno de este año comenzó un poco más tarde que los grandes El Niño de 2015 y 1997, está empezando a alcanzarlos”, afirmó Josh Willis, investigador de la NASA y científico del proyecto Sentinel-6. El monitoreo satelital permite no solo registrar el avance de las olas cálidas, sino también anticipar el impacto potencial sobre el clima global.

El Niño se declara cuando varias olas Kelvin sucesivas permiten la acumulación de agua cálida cerca de Colombia, Ecuador y Perú durante varios meses. El aumento de la temperatura en la región Niño 3.4 del Pacífico ecuatorial es el principal indicador: si la anomalía supera los +2 °C durante un periodo prolongado, los expertos hablan de un “super El Niño”. Solo tres episodios de esta magnitud se registraron desde 1950: 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016.

El análisis de la OMM y de agencias como la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos) y el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF) coincide en la gravedad del escenario actual.

Las proyecciones de la NOAA estiman un 62% de probabilidad de desarrollo de El Niño entre junio y agosto, con posibilidad de intensificarse hacia el final de la temporada de huracanes. AccuWeather asigna un 15% de probabilidad de que el evento alcance la categoría de “intenso” en ese mismo lapso.
El ECMWF advierte que “el sistema climático actual, afectado por la acumulación de gases de efecto invernadero, podría no lograr disipar el calor generado por el fenómeno, lo que incrementaría el impacto global”. Sus modelos prevén anomalías de hasta 3,3 °C hacia septiembre.
Los datos del Sentinel-6 muestran cómo las olas Kelvin se desplazaron desde Micronesia a inicios de año y llegaron a la costa de Sudamérica a mediados de mayo, incrementando el nivel del mar y las temperaturas oceánicas.

“La NASA utiliza satélites de medición del nivel del mar, como el Sentinel-6 Michael Freilich, para rastrear las enormes olas de Kelvin a su paso por el Pacífico, registrar los cambios en la termodinámica oceánica, mejorar los pronósticos de fenómenos meteorológicos extremos y ayudar a las comunidades a prepararse para posibles riesgos costeros”, explicó Nadya Vinogradova Shiffer, científica principal del programa en la NASA.

La misión Sentinel-6 continuará con este legado cuando el satélite Sentinel-6B reemplace al Michael Freilich a fines de 2026.

Con información de Infobae

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