Ucrania atacó un puerto petrolero clave de Rusia con drones
El ejército ucraniano atacó en la madrugada del lunes el complejo de transbordo marino de Novorossiysk con drones de ala fija. El ataque incendió cuatro depósitos de productos petrolíferos, dañó la tubería de un punto de amarre único y afectó un muelle de carga y descarga, según informó el Ministerio de Defensa de Rusia en Telegram. Ocho personas resultaron heridas —entre ellas dos menores— y varios edificios de viviendas sufrieron daños, confirmó el gobernador del Krai de Krasnodar, Veniamin Kondratyev.
El Estado Mayor ucraniano reconoció la operación y señaló como objetivo la terminal Sheskharis, uno de los principales puntos de exportación de crudo ruso, gestionada por la estatal Transneft. Fuentes del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) indicaron al Kyiv Independent que los impactos se registraron en el muelle uno —donde estalló un gran incendio por derrame de petróleo— y en el muelle dos. La misma ofensiva incluyó un ataque contra la fragata Almirante Mákarov, anclada en el puerto, según el comandante de las fuerzas de drones de Ucrania, Robert Brovdi.
La operación también dañó instalaciones del Consorcio del Oleoducto del Caspio (CPC), un oleoducto de más de 1.500 kilómetros que conecta los yacimientos del oeste de Kazajistán con la terminal de Novorossiysk y mueve cerca del 1% del suministro mundial de crudo. Cerca del 80% de las exportaciones de petróleo de Kazajistán transitan por esta ruta. Entre sus accionistas figuran las petroleras estadounidenses Chevron y ExxonMobil.
No es el primer golpe al consorcio. En noviembre de 2025, drones navales dañaron gravemente uno de sus tres puntos de amarre y paralizaron temporalmente las operaciones de carga. En enero de 2026, dos petroleros con crudo kazajo fueron atacados cerca de la terminal. En marzo, un ataque masivo dañó seis de los siete brazos de carga del Sheskharis. Los nuevos sistemas de amarre encargados en Dubai no estarán operativos antes del verano u otoño de 2026, según estimaciones del sector.
Los ataques han generado tensiones diplomáticas con Kazajistán, que depende del CPC para exportar el grueso de su crudo. Astana protestó ante Kiev por lo que calificó como “el tercer acto de agresión contra una instalación exclusivamente civil” y reorientó parte de sus envíos al oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan. Esa alternativa apenas puede absorber una fracción del volumen habitual: en 2024 transportó 1,5 millones de toneladas frente a los 63 millones del CPC.
Kiev rechaza las críticas y sostiene que sus fuerzas “debilitan sistemáticamente el potencial militar-industrial del agresor”. El razonamiento es que las exportaciones energéticas financian directamente la guerra: en 2026, Moscú destinará al menos 166.000 millones de dólares al conflicto, según el presupuesto firmado por Putin. La paradoja estratégica es evidente: al golpear infraestructuras compartidas con socios occidentales y aliados regionales de Moscú, Ucrania maximiza el daño económico a Rusia pero tensiona sus relaciones con Washington y con Astana.
El ataque del lunes se produjo además en un mercado ya sacudido por el cierre de facto del estrecho de Ormuz, que ha disparado los precios del crudo y llevado a la administración Trump a conceder a Moscú una exención temporal de sanciones petroleras. Que Kiev elija este momento para golpear sus terminales exportadoras no parece una coincidencia.
Con información de Infobae