Opinión Antonio Marocco 06/11/2026

El humanismo como sentido común

En unos días vamos a tener al Papa León XIV en nuestro país: una visita histórica que veníamos esperando hace tiempo.

No fue posible con Francisco en su momento, pero estoy seguro que la inminente visita vaticana tiene mucho que ver con los sueños, las oraciones y la acción pastoral del papa argentino y su mirada sobre el sur global. Ya se siente la fe y la comunión de una sociedad que no olvida sus raíces ni los vínculos que la mantienen fuerte incluso en los momentos de mayor turbulencia.

El próximo miércoles estaré en Luján para participar de la misa que León XIV presidirá en la plaza Belgrano, frente a la Basílica de Nuestra Señora de Luján. La vicegobernadora Verónica Magario me hizo llegar personalmente la invitación del Gobierno de la provincia de Buenos Aires, que también convocó a mis pares de las demás provincias del Norte Grande. Confirmé mi asistencia con la alegría de poder compartir este encuentro de fe y fraternidad.

La visita del papa León coincide para muchos con un momento de esperanza en el humanismo. Daría la impresión de que muchos ciudadanos del mundo están empezando a reaccionar desde la paz y la solidaridad contra la violencia, los discursos de odio y el individualismo atroz que excluye a tantos y presenta al mundo como un inventario de recursos descartables.

León XIV votó hace poco. Como todos saben, el jefe del Vaticano nació en Estados Unidos, país que este martes tuvo las elecciones de medio término. Fue una derrota para el oficialismo que conducen Donald Trump y su canciller Marco Rubio. Los norteamericanos le dijeron que no a la megalomanía, al autoritarismo y a la guerra siempre extractiva, injusta y dolorosa.

Podríamos entusiasmarnos, quizás tengamos una oportunidad: la esperanza prospera cuando las urnas se alimentan de sensatez y no de bronca. La mayoría de los candidatos que ganaron propusieron recuperar el sentido común: vivir en comunidad y sin odios, bajar el costo de vida, mejorar el acceso a la vivienda y la salud, luchar contra el desempleo, utilizar la tecnología para la prosperidad general y no para el lucro de unos cuantos magnates a costa de la ansiedad, la explotación y la manipulación de los seres humanos.

Siempre insistimos en que, incluso con matices y diferentes miradas, es el momento de recuperar las instituciones de la democracia. Hay que recuperar todo aquello que el neoliberalismo y el sálvese quien pueda empezó a erosionar desde los años 70 y con mayor profundidad en los 90. Por eso quiero destacar dos acontecimientos que ponen en relieve el valor de la institucionalidad y el contrapeso siempre necesario de la oposición: ayer en el Senado tomamos juramento a Javier Cancinos para completar la conformación de la Auditoría de la Provincia, organismo cuyo funcionamiento es imprescindible para garantizar la transparencia en el funcionamiento de Estado. Por otro lado —y lo digo como adversario y militante peronista—, son valiosas también las noticias que llegan desde el comité de los boina blanca. La normalización en nuestra provincia de la Unión Cívica Radical es importante para la democracia local, ya que sin partidos fuertes, sin cuadros políticos, sin juventudes movilizadas, la democracia se convierte en campo orégano para los especuladores y mercaderes de la política. De eso ya hemos tenido suficiente y con muy malos resultados.

Hay un camino para que el poder vuelva a representar los intereses de las mayorías: el humanismo como sentido común y una democracia de alta intensidad como método. Por ahí, creo, tiene que seguir marchando la cosa.

Hasta la próxima.