Decisión

Opinion 30 de septiembre de 2019
Salta se subió al podio electoral nacional este fin de semana. Mientras el candidato presidencial del oficialismo lanzaba su campaña para revertir una derrota que la mayoría da por segura, su principal contendiente tuvo que equilibrar el despliegue de Cambiemos con un acto provinciano, cuyo objetivo estaba lejos de nacionalizar una elección que se viene. Apenas buscaba desbalancear una interna local.
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La casualidad llevó a que el despliegue de la apertura de los 30 días por 30 ciudades de Mauricio Macri encontrara a Alberto Fernández en el extremo norte del país anunciando que va “a gobernar en tierra arrasada por ladrones de guantes blancos”. Un acto armado para recibir a Cristina Fernández permitió que la imagen de la polarización mostrara que sobrevive con una compulsa que las pasadas primarias nacionales parecieran  haber clausurado.

Los dos principales candidatos, con diferencia de pocas horas, dejaron títulos para las portadas periodísticas. El opositor pidió en Salta al Presidente de la Nación que “no prometa aquello que prometió una vez y no cumplió”. Y el mandatario en modo candidato  insistió en aquello que el ciudadano no encuentra ni en su heladera ni en su bolsillo ni en la certidumbre con la que termina o empieza cada jornada. Dijo que el país está mejor parado que hace cuatro años para empezar a crecer y que lo que viene es distinto porque el esfuerzo de estos cuatro años no fue en vano. Y parafraseó una de las máximas del dirigente político contemporáneo más polémico, al asegurar que “esto lo resolvemos nosotros o no lo resuelve nadie”.

Con este contrapunto emergió una campaña que espera el turno para tocar la puerta de la atención del electorado salteño, que inicia este lunes la última semana para involucrarse en un proceso que cerrará con el armado de un nuevo gobierno provincial. Las primarias del domingo que viene obligan a correr la atención de la elección nacional para concentrarse en la provincial que tiene un perfil y características tan propias que dan cuerpo a la convocatoria a las PASO, para las que solo en Capital unos cinco mil ciudadanos se propusieron cubrir unos 33 cargos electivos.

Dos años después que se impusieran en la Nación, Salta logró en noviembre de 2011 su propia ley de primarias abiertas, simultaneas y obligatorias. Y en casi una década no ha logrado diluir los alegatos a favor y en contra. Es importante destacar que una concurrencia de más de los dos tercios de la ciudadanía en cada convocatoria las legitiman y ante un panorama tan complejo como el actual, resultan una salida civilizada a pujas extremas.

La tensión interna del peronismo se mostró con crudeza el último sábado cuando los esfuerzos del principal referente formal de una alianza que contiene a este sector político apenas pudo disimular la debacle interna de una línea interna que va adoptando nuevos referentes. La principal es Cristina Fernández, quien no proyecta la sombra de Eva Duarte sino la propia y lidera el armado de una estructura electoral que asegure el retorno del populismo al poder sin la estampita de Juan Domingo Perón.

En Salta precisamente en estas elecciones se afirmarán los créditos locales y ello le da un valor agregado a una definición en la que referentes anquilosados deberán defender posiciones frente a dirigentes que reivindican un trabajo coherente ideológicamente pero también oportunistas que conocen la importancia de un fin de ciclo. La renovación o continuidad comienzan en las PASO provinciales y se proyectan sobre generales nacionales del 27 de octubre y provinciales del 10 de noviembre.

Y la decisión está en el pueblo.

Salta, 30 de setiembre de 2019

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