Promesas

Opinion 12 de septiembre de 2019
Con la mirada puesta en el 10 de diciembre, el oficialismo facilita la sanción de una ley de emergencia alimentaria. Una batería de variadas medidas que se van sumando paulatinamente, apunta a lograr un clima social que permita una civilizada transferencia del poder.
alberto oso
alberto oso

Las calles se han convertido en el escenario más activo de una campaña electoral contra el gobierno de Cambiemos pero todo parece indicar que también ejerce presión sobre los anuncios para una próxima gestión de la oposición, encarnada en el Frente de Todos. Tal circunstancia está imponiendo la impronta de su campaña, llevando a su candidato presidencial a los lugares del país menos conflictivos.

Alberto Fernández desembarcó ayer en Tucumán, con una agenda ambiciosa respecto de transmitir certezas al electorado sobre la ejecución de un programa de gobierno que supere el ajuste que pagan las franjas media y baja de la población. Su mensaje en esta plaza no le exigió demasiada complejidad, tratándose de una región que se esperanzó con el Plan Belgrano y al cabo de su ejecución sigue con los guarismos más negativos en materia social y económica. Puede referirse sin pudor ni culpas al norte argentino como una región rica en cultura y en calidad de su gente. De allí que le alcanzó con ratificar que no es posible seguir creyendo que haya argentinos de primera y segunda. Fernández apenas prometió que la Argentina del norte se va a desarrollar como toda la Argentina.

El fondo de la cuestión no pasa por las provincias periféricas sino por el endeudamiento, el mercado y la inflación. Y eso el candidato peronista lo dejó en claro ante sus interlocutores, los gobernadores del mismo palo electos o reelectos. Viene diciendo que si llega al gobierno tiene seis prioridades, similares a las impuestas en 2003 por su inspirador, el ex presidente Néstor Kirchner. Se trata de alcanzar el equilibrio fiscal, ya que entiende que la gestión de Mauricio Macri no cerrará con ese logro; también pretende lograr el superávit comercial, que el actual gobierno ya lo está mostrando. Alberto Fernández se manifestó dispuesto a favorecer la acumulación de reservas, que la actual política monetaria no puede sostener y alcanzar un dólar competitivo, cuyo nivel es una incógnita. 

Ese conjunto de medidas virtuosas debiera concurrir a la reducción de la inflación. Esta tarea, junto al desendeudamiento, ocupará los afanes de un gobierno peronista pero debe ser la obsesión de cualquier otro, incluso si el actual presidente lograra una improbable reelección. Eso quedará demostrado en los debates presidenciales, que en 30 días más se realizarán para ayudar a una decisión que parece darse por asumida.

Hasta ese momento, deben estar definidos programas de gobierno de efectivo cumplimiento. Una promesa como la de Pobreza Cero, que fue vertebral en 2015, no prosperaría en un 2019 convulsionado, con mayor presencia en la calle de los sectores excluidos. Los problemas actuales no son peores que los que se encontró el gobierno de Cambiemos pero suma una disgregación social que la puja distributiva ha profundizado. De allí la dificultad de encontrar un interlocutor en la representación de los trabajadores y la voluntad en el sector empresario de ceder para llegar a un pacto social.

Para Salta, la única certeza que dejó la visita del candidato Fernández al norte, es que en la interna de las PASO provinciales tiene su elegido. El 6 de octubre se tomará el peso de su dominio.

Salta, 12 de septiembre de 2019

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