Obsesión

Opinion 08 de agosto de 2019
Un sistema político plural es el que acepta, reconoce y tolera la existencia de diferentes posiciones o pensamientos. Una vida política saludable precisamente se basa en esa diversidad ideológica y también en la libertad de expresión. El pluralismo político se expresa a través de los partidos, cuyo funcionamiento es condición necesaria para tener una democracia en plenitud. Sin partidos no se puede hablar de sociedad democrática.
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Y es en procesos electorales cuando se puede tener una cabal percepción de su importancia. Las constituciones Nacional y Provincial le dan la función de concurrir a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Es a través de ellos que se puede encontrar el abanico de opciones políticas, o sociales, de naturaleza ideológica o filosófica, que canalizan las opiniones ciudadanas.

Por ello es que el cierre del plazo para la inscripción de espacios que participarán de las elecciones provinciales de este año impactó severamente no solo en el ámbito directamente vinculado a los comicios, sino que conmovió a distintos sectores sociales. Los cuatro frentes que formalizaron el trámite están indicando el fin de la organización de partidos como venía desarrollándose en la historia institucional provincial.

En sí mismo, este dato no indica si se trata de un hecho negativo para la sociedad pero sí alerta sobre un proceso que va a demandar una mayor participación cívica. Todo parece apuntar a que los dos partidos más importantes, por su envergadura e historia, están viviendo el cierre de un ciclo que atravesó períodos dictatoriales en los que fueron la reserva de la voluntad democrática de un pueblo sometido por los errores de su dirigencia.

El radicalismo cerró una alianza con un sector al que deberá aportarle un contenido republicano y de respeto por las libertades que consagra el marco constitucional vigente, del que carece su principal referente. La decisión tuvo el efecto de un sismo en una estructura que había generado expectativas hacia la mitad de esta década por un incipiente proceso de recuperación de espacios de representación que había perdido hacia el final del siglo pasado. Las expresiones públicas conocidas a horas de conocida la misma fueron de rechazo y de reivindicación de principios partidarios que se abandonan ingresando al Frente Olmedo Gobernador.

El justicialismo muestra un panorama similar. Su poder vigoroso en la Provincia, que en las últimas casi cuatro décadas ha cedido solo un período de gobierno, dio una muestra de patética caída cuando solo encontró cobijo en una alianza que representa lo que ha venido confrontando a través de la palabra y la acción de su líder, el gobernador de los últimos doce años.

El ordenamiento que ha resultado del armado de espacios que participarán de las PASO de octubre y las Generales de noviembre, para elegir Gobernador, Intendentes y reformar parcialmente la  Legislatura, muestran una claudicación del pensamiento político. Hay agrupaciones políticas como la kirchnerista Memoria y Movilización Social que optó por sumarse a un espacio considerado cuasi-macrista, solo para citar uno de varios casos similares.

Este confuso entramado ha sido expuesto como una muestra de pluralismo por parte de uno de los principales protagonistas de la próxima carrera por la Gobernación. Pero una primera lectura está indicando que la conquista del poder político, en esta oportunidad dejó de ser tarea de partidos.

Es obsesión de individuos.

Salta, 08 de agosto de 2019

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