Tarea

Opinion 07 de agosto de 2019
Hasta las 20 de este miércoles podrán inscribirse los partidos o alianzas que tomarán parte de las elecciones provinciales de noviembre. Esta circunstancia está exigiendo un gran esfuerzo de la dirigencia política que, sin la estricta contención de un partido, está obligada a lograr acuerdos en cuyo marco se realizan negociaciones con proyecciones en un eventual gobierno.
Tribunal Electoral

Los acuerdos en marcha, sin embargo, tienen un alcance inmediato. En principio tienen un objetivo electoral y comprometen a personas que ejercen ciertos liderazgos. Si bien hay una vocación acuerdista en algunos partidos, como el Justicialista, la frustrada experiencia de la Alianza por el Trabajo, la Justicia y la Educación que integraron la UCR y el Frente País Solidario –Frepaso- fue la primera en el país en la que se trató de gobernar con una estructura de ese tipo.

Pero en la Provincia, por estas horas, la titánica tarea que se está desplegando contempla atender el tramo final de una campaña por cargos nacionales –como la Presidencia y bancas en ambas cámaras del Congreso-, el armado de un espacio político para participar de las elecciones provinciales y la coordinación de listas de candidatos que satisfagan las apetencias de quienes demandan cargos para sumar apoyos.

En 2007 irrumpió una de las alianzas electorales más exitosas en Salta desde el retorno de la democracia. Fue la que derrotó al candidato oficialista y por apenas 5 mil votos le dio el Ejecutivo a Juan Manuel Urtubey. Con su principal contendiente –Walter Wayar- compartían la candidatura presidencial de Cristina Fernández por lo que nada aseguraba una posición favorable. Le valió la elección de los socios en el emprendimiento: el Partido Renovador y el de la Victoria, una estructura creada por Néstor Kirchner. Más que una suma parecía un amontonamiento bajo la concepción de construcción progresista y plural. Pero resultó efectiva.

El acierto de la alianza, sumado a que los oficialismos juegan con ventaja frente a un segundo mandato, le permitió que la misma estructura se impusiera en 2011. Había perdido algunos socios menores pero sumados muchos otros. El factor de peso fue en este caso el crecimiento de la figura de Urtubey. En esos momentos era el líder político ascendente, que en su plenitud –en 2015- pudo vencer a otro referente indiscutido del poder provincial, como es el viejo senador nacional Juan Carlos Romero.

Los tiempos actuales tienen diferencias de fondo. La proyección local del gobernador está mellada por doce años de gestión y por su propia pretensión de seguir creciendo en su carrera política fuera de su territorio. Además, en el  mundo hay cambios que impactan en la estructura de los partidos políticos y la Argentina no es ajena a los mismos.

Parapetado detrás de su candidatura a la Vicepresidencia de la Nación no se ha visto al titular del Partido Justicialista, que sigue siendo el más importante de la Provincia, empeñado en asegurar el armado de una alianza electoral que porte su bandera.  Su influencia no será ignorada pero quienes llevan la lapicera en las distintas negociaciones son otros jugadores.

El gobernador hizo valer su poder en el engranaje electoral.  Una Legislatura que le fue adicta dejó en sus manos el manejo del calendario de comicios y los separó de las elecciones nacionales. No es un dato menor ante un panorama que plantea la posibilidad de un balotaje para definir a fines de noviembre de la Presidencia de la Nación.

Nada está dicho a horas de cerrar un plazo definitorio.

 Salta, 07 de agosto de 2019

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