Debilidad

Opinion 08 de mayo de 2019
La última sesión de diputados pudo concluir el acta de labor parlamentaria prevista. Es un hecho frecuente pero anoche tuvo un significado político porque alcanzó ese cometido salvando el quorum cuando una maniobra de legisladores intentó vaciar el recinto. Tal dato es más relevante si se analiza el motivo, un proyecto de ley que abordaba un tema que irrita al conservadurismo salteño.
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La intención de fijar un día para la visibilidad lésbica puso en evidencia varias cuestiones. La primera, la hipocresía de varios sectores políticos que hacen de la inclusión social una bandera y expresa rasgos de intolerancia muy marcada a la diferencia sexual. Esa actitud, ajena a una democracia republicana, también conlleva otro rasgo social generalizado y es la marcada tendencia a desobedecer las normas vigentes.

Cualquier intento de incluir  a la homosexualidad como un dato de la realidad, generalmente encuentra resistencia institucional. Por ello la necesidad de algunos sectores de lograr la habilitación de espacios para el debate de la problemática, a fin de concentrar la atención de la sociedad como un camino para resolver dificultades que hieren la dignidad humana.

Las lesbianas padecieron y padecen la marginación que afecta a todos los grupos homosexuales; particularmente en este caso fue por omisión, ya que la negativa a reconocer su existencia fue muy fuerte y no habilitó siquiera la posibilidad de una sospecha de una conducta sexual diferente. Por eso nunca se atendió a sus necesidades. La persistencia a mantener esa actitud es lo que le dio mayor sentido a la iniciativa legislativa.

Otro aspecto que emergió anoche es la debilidad del partido político como elemento esencial del sistema democrático, en tanto no se acepte una democracia manejada por una elite. La definición más básica de partido político es que se trata de un conjunto de personas que se reúnen y trabajan mancomunadamente con el objetivo de acceder al poder y concretar sus propuestas para la organización social. Se rigen por doctrinas y teorías que explican su modo de interpretar la realidad.

Al parecer, esos elementos no están vigentes porque en una temática social sustancial los militantes de muchas de esas organizaciones se muestran como un conjunto de individuos que se acercan a un partido para acceder al poder y desde allí, imponer su propia concepción de la realidad haciendo caso omiso a la coherencia como una virtud. Por eso es que anoche se vio abandonar sus bancas a miembros de casi todos los bloques políticos, que prefirieron  frustrar una sesión que permitir que se aporte al reconocimiento de los derechos que le asisten a las lesbianas como miembros de la sociedad a la que ellos deben servir.

Esa debilidad de los partidos políticos impacta de lleno en la representatividad de los diputados y pone en tela de juicio el discurso que sostienen y el lugar que ocupan. En algunos casos, ese impacto es notorio como en el de Rosana Guantay, quien preside la Comisión de la Mujer.

Si bien se reconoce como una práctica legislativa quitar o no dar quórum a una sesión, deben destacarse las obligaciones de los representantes del Pueblo, como son el control de los actos del Ejecutivo y legislar para proveer al bien común. Aun siendo minoría no deben restar la predisposición a discutir ideas.

Los diputados deben justificar sus dietas pero especialmente deben contribuir a la construcción de una democracia representativa y participativa.

Salta, 08 de mayo de 2019

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