Trabajo

Opinion 01 de mayo de 2019
En un mundo convulsionado, la conmemoración social más importante tiene distintas expresiones en el mundo. Abrió Cuba el domingo con una marcha más que multitudinaria, con un clima festivo, como es de práctica en un país que hasta hace un poco menos de una década mostraba casi ocupación plena y hoy sostiene un índice de desocupación de dos dígitos. Ni la pequeña isla ni la mayor parte de las naciones del planeta tienen demasiado para un festejo.
locro
- Celebración del Día del Trabajador en plaza de barrio San José

Es así que la fecha recupera hoy el sentido de un día reflexivo sobre todos los aspectos desde los que se puede abordar la problemática del trabajo, la actividad humana más plena porque reclama creatividad, esfuerzo, dedicación, compromiso, capacitación, honestidad y muchas otras virtudes que pueden desarrollar las personas. Pero el mundo, lamentablemente, no se organiza ni se construye en este tiempo sobre virtudes. La concentración de riqueza margina a la mayor parte de la población, a la que condena a una marginalidad estremecedora.
Uno de los líderes mundiales se refirió a la fecha desde una de sus aristas más dolorosa. El papa Francisco pidió hoy por los que no logran conseguir un trabajo y calificó al desempleo como una tragedia mundial.
La desocupación y el trabajo de mala calidad impulsan en este día a reclamos y protestas que copan espacios públicos para demandar soluciones, que tienen a una equitativa distribución de la riqueza como eje vertebrador. La consigna encierra desde el pedido de mayores ingresos, menor presión fiscal, equidad en los puestos de desempeño, respeto por la idiosincrasia de los pueblos, cuidado por recursos no renovables hasta la discusión ideológica que atraviesa los tiempos sobre el valor del trabajo.
En la Argentina, una huelga precedió la jornada central, que también contiene un inédito paro del transporte en uno de los días con menor demanda de movilidad en el año. Un proceso electoral en marcha impacta en la conmemoración, por su naturaleza. Es así que se convirtió en un atril para que la oposición se monte en las manifestaciones, convirtiendo una legítima protesta en una herramienta para llevar agua a molinos sectoriales.
El propio gobernador Juan Manuel Urtubey, devenido en candidato presidencial, fue mutando en sus doce años de gestión en sus modos de encarar el Día Internacional del Trabajador, hasta que armó un grupo de dirigentes sindicales adictos para que la fecha no lo cuente entre los ausentes. En la cena de la víspera reconoció que hay poco para festejar, porque no hay expectativas, no hay certezas ni se puede proyectar un futuro. Sin explicaciones para los índices de desempleo que ubican a Salta entre las más afectadas, optó por ratificar un discurso electoral que propone dejar atrás la Argentina centralista y de la especulación financiera que busca resolver la falta de competitividad castigando a los trabajadores.
El trabajo parecería estar en vías de extinción porque lo que viene no pareciera requerir el cuerpo y la fuerza humana. Aportar las soluciones es tarea de gobernantes pero también de líderes sociales que no sólo deben pedir sino deben dar.


Salta, 01 de mayo de 2019

Te puede interesar