Autocrítica

Opinion 15 de abril de 2019
La Iglesia salteña, que sigue siendo una de las instituciones más relevantes de la Provincia, inició la semana más importante de su calendario anual con un mensaje autocrítico de su principal referente. En la esperada homilía no dejó de lado la referencia al año electoral pero no profundizó en uno de los temas que la ha puesto en posición complicada en el mundo ni incursionó en otra cuestión que a partir del próximo mes se reavivará en el país, como sucedió durante 2018.
Cargnello

El mensaje del arzobispo de Salta, monseñor Mario Antonio Cargnello, se centró en la actitud de los hombres de la Iglesia de buscar el poder a costa de abandonar el papel que debe cumplir en la sociedad. Por eso es que pidió a los fieles que rezaran por una renovación de la Iglesia local, para que se pusiera al servicio de los demás."No busquemos el poder, sino servir", fue la exhortación dirigida hacia adentro. Y similar exhortación la hizo extensiva a quienes tienen vocación política y empresarial, para que la realicen con actitud de servicio.

Por tratarse de un momento de fuerte revisión interna de los cristianos llamó la atención la del principal jerarca local, de reconocer una particularidad de la institución, muy afecta a desarrollar relaciones intensas con los grupos de poder. Más aún, aludió al ejercicio de una cuota de poder en las comunidades en las que los sacerdotes tienen destino, que los pone en el centro del reclamo de Monseñor Cargnello, que no se excluyó.

Pidió que sacerdotes y obispos se bajen de sus “castillos de poder”, que abandonen su ambición de lugares sociales para ser agentes de pastoral y como tales, sean servidores de los demás. “No nos emborrachemos de gestos de afecto o de atención que nos dan y nos hacen creer que somos más de lo que somos”, dijo el prelado.

Precisamente, esa imagen que se proyecta desde la Iglesia al grupo social en la que está inserta ha justificado situaciones que –hechas públicas- son denostadas. En los casos de abusos sexuales, precisamente, es la razón que emerge para justificar los años de silencio o para destacar el sometimiento que acarrea ese tipo de situaciones.

Pero también se vincula a la generosidad manifiesta de un ciclo de gobierno que termina en diciembre, tras doce años de poder. Si bien siempre la Iglesia fue beneficiaria del financiamiento de sus actividades por parte del Estado, como nunca antes con Juan Manuel Urtubey recibió donaciones inmobiliarias y apoyos indirectos, como los subsidios a la educación católica.

La Provincia se desprendió de valiosas propiedades a través de leyes que no generaron mayores resistencias. Pocos se atrevieron a levantar su mano en la Legislatura para rechazar, por ejemplo, la donación de un predio de más de tres hectáreas, al sur de la Capital, que en cualquier barrio de viviendas sociales se destinan a un establecimiento educativo. Tampoco hubo negativa a la entrega de Potrero de Linares, un enorme inmueble de 130 hectáreas, que la Iglesia usa para prestar servicios onerosos a los adictos.

El poder inspiró la autocrítica del Domingo de Ramos y parece ser solo el comienzo.

Salta, 15 de abril de 2019

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