Coyuntura

Opinion 13 de febrero de 2019
Salta fue una de las 50 ciudades que hoy protestaron en el país por una paritaria social que contemple los aumentos de la canasta básica de alimentos y de las tarifas y por la sanción de leyes que beneficien a los sectores populares. La jornada fue organizada por la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, la Corriente Clasista y Combativa, Barrios de Pie, el Frente Popular Darío Santillán y el Frente de Organizaciones en Lucha, la mayoría de las cuales tienen su versión en la Provincia, con notoria inserción territorial. La movilización tomó mayor cuerpo ante el anticipo del Gobierno Nacional sobre la confirmación que en el primer trimestre la pobreza habrá crecido.
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Este reclamo tiene legítimas razones y fue puesto bajo el lema "tierra, techo, trabajo", que sostienen los Encuentros Mundiales de los Movimientos Populares. Este sector está íntimamente vinculado al Papa Francisco, al que le reconocen el liderazgo en la lucha mundial para la justicia social y es el que reitera la importancia de las tres T.

Los referentes de las organizaciones sociales son los que trabajan en las áreas más desfavorecidas de los núcleos urbanos y tienen elementos para lanzar las alertas sobre la profundización de los problemas que generan políticas erróneas o ausentes. Una de ellas es la mayor adhesión a sus movilizaciones pero otra más dramática es la mayor concurrencia a los comedores colectivos, organizados para asistir a niños, luego también a ancianos y que ahora son demandados por jóvenes y adultos que han perdido hasta la posibilidad de realizar changas, ese trabajo temporario que no tiene ningún tipo de cobertura social y es una de las caras de la economía informal.

La legitimidad de la protesta también se cruza con las pretensiones políticas de diversos sectores y por eso suma a representantes gremiales como los de la Corriente Federal de Trabajadores, ATE Nacional, la CTA Autónoma, entre otros. Son los que en el primer semestre del año pasado se organizaron como Los Cayetanos, para coordinar a los movimientos sociales no contenidos ni en partidos políticos ni en estructuras sindicales.

A un poco menos de un año, la situación que justifica este tipo de organizaciones no ha mejorado y la cercanía de las elecciones obliga al oficialismo y a la oposición a tratar de vincularse con ese entramado de manera que sirva a los fines de una campaña. El diálogo con la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, se ha interrumpido en este último tiempo por la lógica de la confrontación entre la necesidad del Gobierno de Cambiemos de no aceptar lo que consideran una extorsión y la de los militantes sociales, que deben visibilizar en la calle sus demandas insatisfechas. En el medio queda la sociedad, que debe tolerar la molestia de cortes de calle y advertir el riesgo de la inminencia de conflictos que pueden alterar la paz social.

La última medición del INDEC registró un 27,3% de pobres en todo el país y oficialmente ya se admitió que el próximo índice que se conocerá en marzo será peor. Para la difícil coyuntura habrá razones y seguramente, promesas de solución.

La última palabra la tendrá el electorado.

Salta, 13 de febrero de 2019

 

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