Prevención

Opinion 31 de enero de 2019
Imputaron a una militante feminista por amenazas contra el diputado macrista Andrés Suriani. Se trata de una circunstancia previsible dado que el ciudadano común no tiene un paraguas protector para sus opiniones políticas, como ocurre con ciertos dirigentes, como los que ocupan bancas en los cuerpos deliberativos. En este caso no se trata de una discusión sobre fueros.
suriani

 A mediados de este mes, el polémico legislador recibió un mensaje a su celular con una imagen suya acompañada de un texto que consideró intimidatorio porque sugería una invitación a una agresión a su persona. Y decidió recurrir a la Justicia en defensa de su vida y por la tranquilidad de su familia.

Ningún diputado se murió por un meme, fue el comentario que mereció lo que a juicio de la feminista que se lo remitió era una exagerada reacción de un diputado que suele emitir juicios severos, cuando no despectivos e insultantes contra quienes defienden derechos que él considera que violan una tabla de valores que no incluye conceptos como la igualdad de géneros o la existencia de categorías que la legislación argentina contempla.

La radicalizada postura de Suriani lo puso al borde de una sanción por parte de sus pares  de la Cámara de Diputados, que pudo evitar porque pidió  perdón por su postura negacionista. No hubo convicción en su retroceso sino una actitud especulativa dado el carácter rentado de su actual función.

Desde la bochornosa claudicación en la sesión de agosto pasado a la fecha, siguió sosteniendo un discurso contrapuesto a la creciente corriente en contra de la violencia contra la mujer y a favor de la lucha por el reconocimiento de la diversidad sexual. Además, presentó una línea dentro del PRO que aglutina a los grupos anti-aborto legal que se manifestaron el año pasado con los pañuelos celestes. Su activa militancia contra derechos que no reconoce encontró un nuevo avance cuando esa imagen caricaturesca se refirió a su muerte “y no como una metáfora”, según el texto.

Al margen de ese hecho puntual, que la defensa legal de la feminista considera un acto de expresión política y no algo personal contra el diputado, es oportuno atender a estos recursos que la tecnología habilita y que si bien son dominados por las nuevas generaciones, rozan parámetros culturales aún vigentes. También obligan a definir límites respecto de derechos que pueden ser vulnerados y marcar responsabilidades actualmente bastante difusas.

Los memes son conceptos o ideas que se viralizan; es decir, se replican  de forma masiva a través de las redes sociales u otros medios que facilita Internet. De esa manera, algo nimio puede convertirse en un hecho universal. Ese alcance los tornan potentes y pueden afectar el honor o el prestigio de las personas en general y de funcionarios públicos en particular.

Hay que prevenir excesos pero cuidando la libertad de pensamiento y de expresión.

Salta, 31de enero de 2019

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