Paz

Opinion 01 de enero de 2019
Como cada 1 de enero desde 1968, la Iglesia Católica celebra la Jornada Mundial de la Paz. Se trata de una convocatoria a reflexionar sobre temas esenciales para la humanidad que se proponen a través de un mensaje papal, proposición que desde su origen ha tratado de no ser calificada como exclusivamente católica, sino convertirse en un punto de confluencia para exaltar este primer bien, que es la Paz.
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El tema de reflexión de este año de este año es pertinente a una cuestión que será vertebral en la vida de los argentinos, llamados a elegir un nuevo gobierno. Precisamente el mensaje que el Sumo Pontífice ha dirigido hoy al mundo se titula “La buena política está al servicio de la paz”.

“Sabemos bien que la búsqueda de poder a cualquier precio lleva al abuso y a la injusticia. La política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción”, destaca Francisco en el documento.  Tal consideración pone en evidencia cuál es la función y la responsabilidad política de quienes reciben el mandato de servir a su país, que son las de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo.

La Iglesia Católica vincula el servicio que debe prestar la política con la caridad, que le da una valencia superior al compromiso meramente secular. Las virtudes humanas que considera son la base de una buena acción política son: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad y la fidelidad.

El tema es muy oportuno en un país que se apresta a encarar una nueva cita electoral y es justamente el papa argentino el que destaca el hecho como una oportunidad para volver a la fuente y a los puntos de referencia que inspiran la justicia y el derecho. Reconoce que en la política, desgraciadamente, no faltan los vicios, debidos tanto a la ineptitud personal como a distorsiones en el ambiente y en las instituciones. Ellos restan credibilidad a los sistemas en los que la política se ejercita, así como a la autoridad, a las decisiones y a las acciones de la dirigencia, socavando el ideal de una democracia auténtica y poniendo en peligro la paz social.

En el documento dirigido al mundo se enumeran muchos males que aquejan a la Argentina, como a otras naciones en tiempos de exacerbado materialismo. Allí se señalan a la corrupción, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la “razón de Estado”, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato, entre otros.

En la Jornada Mundial de la Paz se asegura que ella es, en efecto, el fruto de un gran proyecto político que se funda en la responsabilidad recíproca y la interdependencia de los seres humanos, pero es también un desafío que exige ser acogido día tras día. La responsabilidad política pertenece a cada ciudadano, y en particular a aquellos que han recibido el mandato de proteger y gobernar.

Son reflexiones oportunas para cada ciudadano, más allá de sus creencias, que este año deberán pronunciarse en base a convicciones que transitan por la necesidad de convivir en una sociedad democrática.

Salta, 01 de enero de 2019

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