Tarea

Opinion 31 de diciembre de 2018
Llegó el final del año. El tiempo de balances se cierra y es probable que en lo personal, la mayoría ni lo ha encarado. Cae en los ritos que se proponen para convocar fuerzas positivas que ayuden a resolver problemas o -por lo menos- que no se generen. La magia permite tapar los vacíos que los gobiernos no suelen cubrir.
2018

Y a propósito de balances, los gobiernos no son proclives a hacerlo por fuera de los que están obligados institucionalmente. Tanto en la Nación como en la Provincia, la normativa vigente marca dos momentos para dar a conocer lo realizado y a realizar.

Una instancia son los informes que el Jefe de Gabinete de la Nación y su par provincial deben ofrecer a ambas cámaras de manera alternada y con periodicidad mensual. Se cumple en el Congreso pero no en la jurisdicción provincial.

Pero el momento más alto es cuando se producen sendos mensajes a las respectivas asambleas del Congreso y la Legislatura por parte de los primeros magistrados. Lo hace el Presidente de la Nación, el 1 de marzo y el Gobernador, el 1 de abril.

Una nueva lectura del último mensaje del gobernador Juan Manuel Urtubey lleva a coincidir nuevamente con el diagnóstico de la situación y a confirmar que no mucho es lo que se pudo realizar, a partir de una crisis que tiene atrapado al país. Entre las formulaciones de inicio de año y los avatares de 2018 hay una distancia que se expresa en postergaciones y demandas de satisfacción pendiente.

Lo sucedido dista de lo que, en definitiva, fue una expresión de deseo. Por ejemplo, la inauguración de algunas salas de educación inicial reemplazó la puesta en marcha de proyectos más ambiciosos y transformaciones para mejorar la calidad educativa. Se advierte que los reclamos sociales terminaron centrándose en cuestiones que no figuraron en el informe de gestión de abril.

La eliminación de la educación religiosa y la exigencia de la aplicación de la educación sexual integral corrieron el eje de debate en materia de formación de los niños y jóvenes de la provincia. Pero además generaron procesos que están en sus inicios y si no se fijan políticas que los contengan, como las que permiten la participación institucional de sus protagonistas, no bajará la tensión y la calle seguirá siendo el espacio en el que se construirán consensos o se tolerarán disensos.

A la profunda transformación social que se visualiza en ese plano, y en otros como los que convocan a la movilización por la cuestión de género, se suman las dificultades de orden financiero para dar respuestas a otras cuestiones también de carácter social, como las referidas a la salud, a la seguridad pero, especialmente, al ejercicio de derechos humanos como el acceso a la vivienda o al trabajo digno.

“No quiero pobres resignados, dijo el gobernador el pasado 1 de abril. Quiero gente con oportunidades, con fuerza y con capacidad de crecer sin deberle nada a un concejal, a un diputado, a un senador, a un gobernador o a un presidente. Somos nosotros los deudores y hay una sola manera de pagar esa deuda: haciendo crecer a los que no paran de caer, haciendo crecer a los que crecieron, haciendo crecer a los que creen que no se puede crecer”.

Pero es lo que sigue faltando: el crecimiento. Tarea para 2019. –

Salta, 31 de diciembre de 2018

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