Sanción

Opinion 14 de junio de 2018
Si los diputados nacionales representan al pueblo de la Nación por la Provincia, en Salta se debiera vivir un día oscuro porque la Cámara baja dio media sanción a la despenalización del aborto. Pero nada indica que así es.
sesion

La población, como la del resto del país, se ha partido entre los que rechazaban esa iniciativa, muchos de los cuales militaron intensamente en esa posición, especialmente los curas desde sus púlpitos y los que reclamaban esta sanción, insistiendo en un propósito que desde hace años mantiene activos a muchos grupos, particularmente de mujeres y también, jóvenes y adolescentes. Entre ambos extremos, hay una mayoría que estuvo silenciosa, observando con atención cómo una Argentina hundida en problemas económicos y sociales, se atrevió a dar un debate  y tomar una decisión sobre una cuestión que la humanidad no tiene resuelta. Desde ese espacio, hay quienes ni se les ocurrió pensar en ella aún a sabiendas que los abortos suceden en la clandestinidad y quienes esperaban que algo se haga para resolverla. Todos están parados frente a un nuevo panorama, impensable 60 días atrás.

Seguramente los salteños están analizando el voto de sus representantes. Liberados de posiciones sectoriales, cada diputado nacional debió asumirlo plenamente, sin otro punto referencial que su propia conciencia. Los siete votaron en contra de la despenalización.

Miguel Nanni, de la UCR, se vio frente a la obligación de resolver un dilema moral muy grande sin poder dirimir una ley por los colores políticos sino por su sensibilidad y sus propios pensamientos. Martín Grande, del PRO y Andrés Zottos, sin partido pero cercano a un gobernador que se manifestó por la despenalización, siguieron la línea de una supuesta defensa de la vida pero sin fundamentos sólidos para sostener la negativa. Aprovecharon la oportunidad para cuestionar la situación del sistema provincial de salud. Los justicialistas Javier David y Pablo Kosiner no hablaron en el recinto pero con antelación y ante la prensa local habían anticipado su voto en contra, quizás el segundo con más claridad que el primero. El kirchnerista Sergio Leavy se mantuvo con su desacuerdo cerca de su líder, la ex presidente Cristina Fernández, que en ocho años de mandato no promovió ni alentó siquiera el debate. El diputado Alfredo Olmedo, que en sí mismo es un partido político, repitió su discurso, no sorprendió a nadie y se adelantó a un resultado que no está seguro, pidiendo el veto al Presidente de la Nación.

Con sus discursos, sus modos, su estética, se mostraron sin tapujos. Son lo que son y puestos a actuar por sí mismos, muestran que la representación que invisten no es tan acabada –quizás con la excepción de Olmedo- como para justificar el merecimiento que recibieron en las urnas.

Esta circunstancia le da fuerza al sector político que lo puso a la consideración ciudadana. Tras verlos despojados de esa estructura, en algunos casos resultaron desconocidos quizás para sus propios votantes pero también para sus partidarios. El radical y el kirchnerista son claros ejemplos.

Queda sortear un capítulo difícil para la pretensión de sumar a la Argentina a los países que no sancionan penalmente el aborto. Las miradas se posan sobre los senadores, con la misma expectativa pero con otra experiencia.

Salta, 14 de junio de 2018

Te puede interesar