Corrupción

Opinion 16 de abril de 2018
Las últimas encuestas ordenan un listado de preocupaciones ciudadanas en el que la corrupción ha perdido el podio. Inflación, desocupación e inseguridad, son las cuestiones que están en el centro de la atención pública mientras que un problema que está poniendo en riesgo hasta la democracia misma, ya no recibe las mismas consideraciones como en el tiempo del cambio de gobierno.
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También han cambiado las actitudes tratando de tomar distancia de hechos que pueden considerarse como de corrupción, sea dando explicaciones para alejar sospechas o exigiendo definiciones judiciales antes de dar por cierto que, si al menos no hay ilícitos, algunas cuestiones son señales que bajo la superficie hay un sustrato que huele mal, en el mejor de los casos. Dos ejemplos de las últimas horas dan cuenta de estas situaciones.

Un caso es el del Ministro de Hacienda de la Nación, quien hizo uso del blanqueo dispuesto en 2016 para corregir la evasión de recursos depositados en el exterior. La amnistía no solo le permitió sacar de la clandestinidad su fortuna y ser perdonado de la comisión de un delito, sino también hacerse cargo de la conducción económica del propio gobierno que propuso la medida.

El otro caso es el de los gobernadores justicialistas que hicieron causa común con un ex mandatario del mismo signo político que estuvo detenido 48 horas por una causa de defraudación a la administración público. Mientras la Justicia no confirme en sus infinitas instancias que efectivamente ocurrió el desvío de fondos, no encuentran razones para que un miembro de la cofradía política sea tratado como el hombre del llano que espera en prisión un juicio que demora por la indolencia de un tribunal.

Es la expansión en un sistema de la tolerancia ciudadana para conseguir la satisfacción de sus demandas básicas, aún a costa de la descomposición que significa. De aquel dicho de “roban pero hacen” a “nada se hace porque se robaron todo” hay una inquietante continuidad.

El mismo funcionario que en el gobierno salteño cosechó acusaciones mediáticas por irregularidades durante y con posterioridad a su gestión, en la vecina provincia de Jujuy es el centro de una denuncia por falsedad ideológica, abuso de autoridad, tráfico de influencias y defraudación en perjuicio a la administración pública. Todavía la Justicia no hizo ningún movimiento con miras a investigar al gobierno, porque la acusación contra el ex ministro de Turismo Federico Posadas, no se trata de otra cosa.

Estas consideraciones dan razón al constitucionalista Daniel Sabsay que en Salta y por Aries sostuvo que en la Argentina, el problema es la corrupción más la impunidad. Y el diagnóstico no es alentador. “Mientras haya corrupción no hay salida porque se nota que hay una especie de negocio con los jueces”, fue la afirmación del especialista.

Vista así, la corrupción política abarca a los tres poderes de la República, degenerando al cuerpo político y generando, obviamente, el riesgo la descomposición la democracia.

Salta, 16 de abril de 2018

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