Mitos y realidades de la inmigración en Argentina

Opinion 05 de marzo de 2018 Por
Hace algunos días atrás se generó una fuerte polémica a raíz de la intención de la provincia de Jujuy de cobrar la atención médica a ciudadanos bolivianos a través de un convenio de reciprocidad.
quiaca

Cuando el Papa visitó Chile, la provincia de Jujuy firmo un acuerdo de reciprocidad de la atención en un departamento del país vecino. Lo mismo intento hacer Jujuy con Bolivia, pero ese país rechazó la propuesta. Este hecho hizo que las autoridades jujeñas se replantearan,  qué hacer con los recupero de las prestaciones a los extranjeros no residentes, porque regularlo es una potestad de cada Estado Federal. 

Acto seguido el jefe de la diplomacia boliviana Fernando Huanacuni dijo que se adecuará la normativa interna del país, para ese efecto a fin de avanzar en un convenio de reciprocidad en el área de salud con nuestro país.

Esta declaración fue hecha inmediatamente después de que el Presidente Evo Morales,  dijera con motivo de la inauguración de un coliseo en la ciudad fronteriza de Yacuiba “los hermanos argentinos que viven en  Bolivia van a tener el mismo tratamiento que los hermanos bolivianos que viven en la Argentina, porque somos de la Patria Grande”.

Independientemente del gesto de distensión de Bolivia,  al anunciar el envió de una misión especial para tratar el tema en cuestión, este hecho reabrió nuevamente la discusión sobre los inmigrantes en nuestro país y la necesidad también, de analizar y preguntarnos acerca de algunos mitos y realidades sobre el impacto que tienen la presencia de inmigrantes  de países vecinos en la Argentina.

¿Hay una inmigración descontrolada? Según el Censo 2010, último realizado en nuestro país, hay un 1.800.000 residentes no nativos. En 2013, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) publicó un estudio que proyecto esa cifra a 2.000.000 es decir que solo el 4,6% de la población que vive en nuestro país es extranjera.

En cuanto a las radicaciones permanentes, según información de Migraciones, en total hubo 133.554 radicaciones, de las cuales el mayor número corresponde a ciudadanos paraguayos, seguidos de bolivianos,  peruanos y también de colombianos, que es una de las nacionalidades que tuvo mayor aumento  en nuestro país en los últimos diez años. En este punto, cabe aclarar, que las radicaciones no equivalen a una ciudadanía, pero otorgan ciertos derechos a las personas y le permiten, entre otras cosas, trabajar en el país en el cual se radican.

¿Hospitales colapsados por la presencia de extranjeros? El caso del hospital Pedro Uro de la Quiaca volvió a encender la polémica de un debate que como ya dijimos no es nuevo. En dicho hospital, el año pasado atendieron a 28.084 personas. De ese total, 26.000 fueron argentinos,

1848 son bolivianos y 236 de otros países. Si bien Argentina ofrece servicios médicos “gratuitos” a extranjeros en sus hospitales públicos, a nivel provincial existen convenios de recupero, pero solo algunas provincias poseen  estos convenios, Salta es una de ellas pero Jujuy no. En este punto hay que derribar el mito de la gratuidad de las prestaciones. No existen servicios gratis. La cobertura es universal, pero la cuenta la paga el Estado, los usuarios de su bolsillo, una obra social o bien los prestadores privados.

De todas maneras, dada la escasa prevalencia de la población migrante, sobre la población total, el impacto que ella ejerce sobre los servicios que prestan los hospitales públicos y los centros de atención primaria de la salud (CAPS) resulta escaso.

Desde el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS),  señalan que la incidencia de los migrantes en el uso de presupuesto público es indiferente. Por dar un ejemplo, se calcula que hay 70.000 niños, niñas y adolescentes que están excluidas de la Asignación Universal por Hijos por no tener una residencia legal superior a los 3 años, cuando en realidad ese programa alcanza a casi 4.000.000 de personas.

¿Inmigración = a delito? Otro debate que recurrentemente suele estar en la agenda de los medios, es el tema de los inmigrantes y el delito. Si bien desde diferentes estamentos se relaciona a la delincuencia con la inmigración, en los hechos, no muestran un impacto real.

Según el último informe del Sistema Nacional de Estadísticas de Ejecución de Penas, que depende del Ministerio de Justicia de la Nación, solo el 6% de los presos en el país son extranjeros. Las principales nacionalidades son paraguayas, peruanas y bolivianas, en coincidencia con la mayor presencia de esos migrantes en nuestro país.

¿La inmigración genera desempleo para los argentinos? Tradicionalmente, la mano de obra inmigrante ha tenido un rol complementario a la fuerza de trabajo local y es una realidad también que los inmigrantes se emplean en puestos de trabajo poco deseados por los nativos. Diversas investigaciones muestran que la participación  de los inmigrantes limítrofes de Bolivia y Perú en el mercado de trabajo argentino (los llamados trabajadores golondrinas) solo por dar un ejemplo, presentan un tipo de inserción limitada a ciertas ramas de actividad y a puestos de trabajo con mayor nivel de informalidad. Solo entre las ramas de la construcción, el área rural, el servicio doméstico y el comercio, se emplea aproximadamente el 60% de la población proveniente de países limítrofes.

Es decir que su presencia no constituye competencia para nosotros, ni produce incremento en los niveles de desempleo, ni un empeoramiento de las condiciones de trabajo locales. Aunque también es sensato decir, que en periodos de poco crecimiento económico, como el que vivimos, se puede observar desplazamiento de la mano de obra nacional.

Finalmente, debo decir, que la cultura inclusiva de Argentina está lejos de ser un problema. Lo que deberíamos hacer, en todo caso, es mejorar las normas y las políticas públicas en función del modelo de país que queremos ser y que queremos mostrar al mundo.

Términos como bolitas, sudacas o cualquier descripción estigmatizante de ciudadanos de distintos países de la región no contribuyen a la solución del problema, más bien lo profundizan  y parecen ser la respuesta algunas veces mediática y otras veces politica de una representación racista y conservadora.  

Salta, 05 de marzo de 2018.

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