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description: "El presidente tiene un talento singular: cada vez que habla, consigue volver confusas algunas certezas y acercarnos, casi sin querer, a posiciones que antes creíamos ajenas o incluso opuestas."
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date_published: "2026-08-26T12:00:00-03:00"
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author_name: "Mónica Juárez"
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category_description: "Editorial de Aries y Opinión de figuras reconocidas en Salta"
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# Hijos

![Frases políticos Rojo](/download/multimedia.normal.9bf5dc9f78a379c5.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

Esta vez lo logró con los pañuelos verdes.

Javier Milei volvió a hablar de la caída de la natalidad argentina y encontró una explicación tan sencilla como polémica: dijo que estamos pagando “muy caro la locura de los pañuelitos verdes”, vinculando el aborto legal con la disminución de los nacimientos.

El problema es que los números tienen la mala costumbre de complicar los discursos simples.

La natalidad en la Argentina viene cayendo con fuerza desde 2014. La Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo fue aprobada recién a fines de 2020. Es decir: el fenómeno que Milei atribuye a los pañuelos verdes había comenzado varios años antes.

Pero salgamos por un momento de las estadísticas.

Preguntemos a una pareja joven por qué no tiene hijos. Probablemente no responda: “por culpa del pañuelo verde”.

Nos hablará del alquiler. De la imposibilidad de comprar una casa. De trabajos inestables. Del costo de un jardín maternal, de los pañales, la comida, la ropa, la escuela y la obra social.

O quizás diga algo mucho más sencillo: “Queremos tener hijos, pero todavía no podemos”.

Ahí está la discusión que la política debería animarse a dar.

Porque una cosa es no querer tener hijos y otra muy distinta es quererlos y sentir que económicamente no se puede.

Si verdaderamente preocupa la natalidad, hablemos entonces de vivienda, salarios, empleo, jardines maternales, licencias y políticas de cuidado. Hablemos también de las mujeres que postergan la maternidad porque saben que muchas veces tener un hijo implica frenar una carrera laboral.

Y hay una contradicción inevitable en quien eligió plantear esta discusión.

Javier Milei no tiene hijos.

Y no hay absolutamente nada reprochable en eso. No tener hijos es una decisión personal tan válida como tener uno, dos o cinco.

El Presidente, además, ha hablado muchas veces del enorme amor que siente por sus perros, a los que considera parte de su familia. Y está perfecto.

Lo curioso aparece cuando alguien que ejerció plenamente su libertad para construir la familia que quiso comienza a cuestionar las decisiones reproductivas de los demás.

Entonces la pregunta resulta inevitable: ¿la libertad es solamente para algunas cosas?

Porque podemos discutir el aborto. Podemos tener posiciones morales, religiosas y políticas completamente diferentes. Esa discusión es legítima.

Lo que parece bastante más difícil es responsabilizar a un pañuelo de un problema demográfico que empezó mucho antes de que la ley existiera.

Y mucho menos creer que una sociedad tendrá más hijos porque desde un atril le expliquen que debería tenerlos.

Los hijos necesitan algo bastante más complejo que discursos.

Necesitan futuro.

Una sociedad preocupada por su natalidad debería preguntarse qué ofrece a quienes quieren formar una familia.

¿Pueden acceder a una vivienda? ¿Pueden conservar sus trabajos? ¿Tienen dónde dejar a sus hijos mientras trabajan? ¿Pueden imaginar que dentro de diez años estarán mejor que hoy?

Porque nadie decide traer un hijo al mundo pensando en la sustentabilidad del sistema jubilatorio.

La gente tiene hijos cuando quiere formar una familia y, también, cuando siente que existe un mañana en el cual vale la pena proyectarla.

Quizás por eso los dichos del Presidente terminaron produciendo un efecto curioso.

Algunos que jamás levantamos un pañuelo verde podemos terminar mirándolo con otros ojos. No necesariamente porque hayamos cambiado todas nuestras convicciones, sino porque cuando para explicar un problema tan complejo volvemos a señalar a las mujeres, uno empieza a preguntarse si no estaba mirando al adversario equivocado.

Tal vez la verdadera discusión nunca haya sido pañuelo verde contra pañuelo celeste.

Tal vez sea qué país estamos construyendo para que alguien pueda mirar hacia adelante, formar una familia y animarse a traer un hijo al mundo.

Porque para aumentar la natalidad hacen falta muchas cosas.

Pero, sobre todo, hace falta esperanza.

Y esa, Presidente, no se construye buscando culpables.

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