Inspiración

Opinion 17 de junio de 2022
Desde 1999, cada 17 de junio se celebra el Día Nacional de la Libertad Latinoamericana, en memoria del fallecimiento, el 17 de junio de 1821, del General Martín Miguel de Güemes, figura clave de la independencia argentina. Fue el primer paso dado para lograr que el 2 de agosto de 2006 se lo declare “Héroe Nacional”.
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El salteño quizás solo ha sentido una mayor responsabilidad respecto de mantener viva la figura, no solo del comprovinciano más encumbrado, sino de un acabado modelo de virtudes que lo tornó inmortal pese a que su vida fue corta. Al resto de los argentinos les cabe la tarea de incorporar en sus sentimientos y en sus pensamientos una historia que no se agota en imágenes de un bravo conductor de milicias gauchescas ni en síntesis incompletas de una acción militar, en tiempos de enfrentamientos con colonizadores extranjeros.

Hay dos conceptos que suelen destacarse de Güemes: fue el primer gobernador electo por su propio pueblo, cuando la Nación aún no se había construido y fue el primer militar muerto en combate, en el proceso de consolidación de la independencia nacional. Entre esas dos referencias hay un cúmulo de evidencias de su grandeza personal, que toma una dimensión extrema con la definición de sí mismo. Güemes decía de él: “Nunca he deseado ser vano, sino bueno, un soldado de la Patria y un ciudadano honrado”.

Esos mismos propósitos podrían repetir quienes, en este tiempo, tienen en sus manos el destino de una Provincia que en 200 años, esencialmente no ha cambiado. El gaucho de cuna privilegiada informaba a Belgrano, otro luchador por la libertad, que “Esta provincia no me representa más que un semblante de miseria, de lágrimas y de agonías”. Y ese semblante se ve en las comunidades de pueblos originarios que hicieron los mismos sacrificios que los criollos y que los descendientes de los que llegaron a colonizar esta tierra. O en decenas de asentamientos urbanos.

Por entonces, Güemes pedía a la Nación en formación que reconozca las fatigas y la sangre derramada “para que los demás pueblos hermanos conserven el precio de su seguridad y sosiego” y envíe auxilios para remediar la aflicción y la miseria. Hoy son reclamos por un reparto más equitativo de beneficios porque se endurecieron las consecuencias de asimetrías que se toleraron en función de intereses sectoriales.

Su vocación de lucha no se limitaba a cuidar la comarca que le tocó en suerte. Su mirada se posaba en un horizonte más amplio que lo llevó a sustentar un proyecto geopolítico que quedó inconcluso, según Abel Cornejo, uno de sus historiadores.

En la conferencia pronunciada en 2016 al incorporarse como académico correspondiente a la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, quien hoy es Ministro de Seguridad señaló que “Güemes encabezó, a partir de su ascenso al poder, un proyecto confederativo, porque consideraba que cada una de las ciudades capitales de las gobernaciones intendencias debía elegir sus autoridades, para luego converger en un Congreso Constituyente”. Ese objetivo lo llevó adelante pese a múltiples conspiraciones y deserciones. 

El proyecto quedó truncado con su muerte, “pero básicamente consistía en mantener un activo estado de beligerancia, tanto en lo estrictamente bélico a través de los hechos de armas, como en la captura de recursos, para expulsar definitivamente a los realistas, profundizar la autonomía de las provincias y administrar sus recursos desde ellas hacia la Nación. Acción en la guerra y generación de recursos fueron su meta”.

Hoy no hay guerra pero todo está por hacerse. Hay una fuente de inspiración en ese héroe que es “el más salteño de los argentinos y el más argentino de los salteños”, al decir de Cornejo. “Es el  gaucho guerrero que, estatuario, mira cada amanecer desde su pedestal de piedra hacia el occidente, confiando en el futuro venturoso de la Patria”.

Salta, 17 de junio de 2022

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