Unidad

Opinion 14 de agosto de 2020
Turismo de argentinos para Argentina es lo que se pretende si prospera la ley de asistencia para la actividad que obtuvo este jueves la media sanción con el voto unánime de todos los senadores nacionales. La iniciativa ha dado un paso importante pero deberá superar la puja planteada en Diputados entre proyectos del oficialismo y la oposición.
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Si tiene el mismo trayecto en esa Cámara se habrá logrado un programa de sostenimiento y reactivación productiva del turismo, uno de los sectores más golpeados por la pandemia del Covid-19. Ello ha quedado expuesto en la sucesión de exposiciones por parte de representantes de distintas provincias que tienen en esa actividad lo que la salteña Nora Giménez ha calificado como “la locomotora” que fue abriendo oportunidades a pueblos y ciudades, dando nueva vida a algunas regiones, que son las que más sufren su parálisis.

El debate en la sesión especial del Senado, en la que se trató la declaración de la emergencia por un plazo de 180 días prorrogable, ratificó que en buena parte del país, el turismo es la columna vertebral del desarrollo y una de las actividades más federales que tiene el país. Ciudades como Bariloche o provincias como Misiones tuvieron voceros de las calamidades que están atravesando por el impacto que ha producido la pandemia –y no solo el aislamiento dispuesto por el Gobierno Nacional- que dejó a sus operadores sin siquiera expectativas de una recuperación a corto plazo.

La iniciativa que avanzó en el Senado sin votos negativos ni abstenciones, establece medidas económicas, fiscales y de promoción definiendo un camino que se describió como lento y que se debe transitar en unidad para que resulte efectivo. Ese primer paso se dio a partir de la unificación de muchas iniciativas que proponían paliativos pero que, en conjunto, le dan cuerpo a una política que destacaron como conducente.

El proyecto con media sanción contempla beneficios fiscales y económicos para las empresas pero también incentiva la demanda por parte de la población. Hoteles sin pasajeros o restaurantes sin comensales no alcanzan para la recuperación. La vuelta debe ser de todos, empezando por los visitantes.

El abanico de beneficios es amplio y va desde la extensión del Programa de Asistencia al Trabajo y la Producción hasta el 31 de diciembre para las actividades paralizadas o que tengan una facturación inferior al 30% a la reducción casi a cero del pago de contribuciones patronales.  También da un paso muy largo al facultar al jefe de Gabinete a establecer condiciones especiales para garantizar la continuidad de las fuentes de trabajo y de los emprendimientos turísticos. La norma en tratamiento es muy generosa en materia impositiva y financiera.

Los beneficios para los consumidores también son significativos y originales. Uno de ellos el establecimiento de un bono fiscal vacacional para las familias cuyos ingresos mensuales no superen el equivalente a cuatro salarios mínimos, por única vez, para su uso dentro del país. Se incluye el régimen de preventa que había sido propuesto por el Poder Ejecutivo y suma un programa especial para el turismo de la tercera edad y otro de financiación de los paquetes de viajes de turismo estudiantil. Y define alternativas para la resolución de servicios contratados e incumplidos por efecto del aislamiento.

Centros turísticos vacíos, miles de familias sin sustento y emprendimientos frustrados son razones más que suficientes para abandonar mezquindades sectoriales. Asimismo, justifican este esfuerzo que solo servirá para que el turismo esté en la línea de partida cuando la pandemia haya sido controlada. 

Salta, 14 de agosto de 2020

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