Intolerancia

Opinion 23 de marzo de 2020
La novedad más inquietante ya se ha dado a conocer: se registró el primer caso de transmisión comunitaria de Coronavirus. Esto es, hay un enfermo que no tiene antecedente de viaje ni contacto estrecho con un enfermo.
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Esta era la situación de mayor riesgo, que las autoridades sanitarias sabían que no se podía evitar pero si demorar. De ahora en más, debe lograrse la mayor lentitud de propagación y en ese objetivo, la principal protagonista es la sociedad.

De diversa manera se ha recibido la comunicación del mal talante de los gobernantes, sobre cuyas cabezas recaen la responsabilidad de la forma cómo evoluciona la pandemia en el país. Es ocioso analizar la razonabilidad de las críticas o las adhesiones; solo debe atenderse a que cierta ofuscación tiene que ver con dos conductas, para las cuales hay sanciones de extrema severidad.

Una de ellas es la de quienes hacen caso omiso del aislamiento o de los que intencionalmente lo violan, quizás para probar que pueden colocarse por encima de un sistema armado para proteger a toda la población, lo que los incluye. A ellos, el Presidente de la Nación los llamó tontos, displicentes que sin saberlo ponen en riesgo la vida de la gente y el Gobernador de la Provincia los identificó como imbéciles. 

La otra conducta ominosa es la de “los vivos que abusan de la gente”, como los calificó Alberto Fernández  y Gustavo Sáenz les dijo delincuentes, porque entre otras actitudes se aprovechan de la pandemia para subir los precios. Pueden sumarse las denuncias de trabajadores a los que las empresas están adelantando vacaciones porque no están dispuestos a seguir soportando  una situación de crisis que se profundiza.

Debe advertirse que más allá de la firme decisión de evitar la aplicación del estado de sitio, el sistema constitucional aún tiene ese recurso para disciplinar a aquellos que se resisten a entender que hay una situación excepcional, que demandan actitudes razonables. El Código Penal y la Ley de Abastecimiento son dos herramientas que acompañan el aislamiento social, preventivo y obligatorio dispuesto por el Decreto de Necesidad y Urgencia 297, que desde el último viernes obliga a todos, con estrictas excepciones, a suspender toda actividad y contacto social. 

Las cifras de contaminados no deja de crecer y las que se dan a conocer permite tomar la dimensión de la gravedad del problema, cuya resolución no depende de los gobiernos, de profesionales de la salud o de científicos.  Se ha advertido que es inminente que se confirmen otros casos de  transmisión comunitaria y para regular su velocidad y con ello demorar la propagación, la responsabilidad es de todos y de cada uno.

Por convicción o imposición todos deberán mantener esa línea de conducta. No hay márgenes de tolerancia porque el COVID 19 va con quienes se mueven.

Salta, 23 de marzo de 2020

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