Consumo

Opinion 02 de enero de 2020
“Ya empezamos a preocuparnos de la alimentación de los que padecen hambre”, dijo el Presidente de la Nación en su mensaje de fin de año. Fue en la víspera de la puesta en marcha de un nuevo acuerdo de precios, a raíz de la aplicación del IVA en alimentos, que estaba suspendida desde agosto pasado.
af

El acuerdo fue logrado en las últimas horas del martes y no hay referencias a él en el mensaje que se difundió por las redes sociales, en las que el mandatario nacional comentó las principales medidas adoptadas desde el 10 de diciembre. Destacó el congelamiento de tarifas y del precio de las naftas, en principio por 180 días. También hizo referencia a los beneficios dispuestos para los jubilados de la mínima y para los tomadores de créditos con Anses, a los que se le reducirán los intereses. Incluyó en la bolsa de buenas decisiones las moratorias para facilitar que pequeños y medianos empresarios paguen sus deudas con el Estado y la baja de las tasas del Banco Central, para terminar con el negocio de la especulación financiera. 

Fuera de ese listado quedó lo convenido -para afrontar la finalización de la quita del IVA- con comerciantes y productores, que lleva a que los precios de los alimentos se ajusten en un promedio del 7% en las góndolas de supermercados y comercios minoristas. Pese a la urgencia con la que se trabajó se pudieron acordar porcentuales diferentes según de qué productos se trate y sólo el valor de la leche se mantiene sin cambios. Es que el acuerdo alcanzado pasa por la decisión del sector empresarial de absorber la totalidad del gravamen en este último caso y parcialmente, en el resto.

Es así que se dispuso subas del 5% el pan, 7% en yogures, azúcar, harina y huevos y 9% el aceite. En el resto de los productores, el sector empresario absorberá 14 puntos de los 21 totales del tributo. Es así que las variaciones de precios en góndola, que no debieran superar 7 puntos en productos como la polenta, yerba, mate cocido y té sin ensobrado.

Debe reconocerse que se trata de beneficios que no necesariamente serán percibido por el consumidor, como tampoco fue claro el impacto de la suspensión del IVA en el listado de trece productos escogidos por el gobierno de Cambiemos, luego de su derrota en las PASO. Si lo notaron las arcas del Estado, que vieron reducidos sus ingresos. Ello llevó a que la mayoría de los gobernadores provinciales recurrieran a la Justicia para cuestionar una medida que produjo  un recorte de los fondos de la coparticipación.

No es un dato de manejo corriente por parte de los compradores la participación de los impuestos en el precio de productos que consumen. Especialmente quedan fuera de observación y estimaciones los alimentos de primera necesidad que son los que mayoritariamente adquieren los sectores de menor capacidad económica. Por eso es que seguramente estos consumidores no tienen registro de alguna reducción de precios por eliminación de la carga del IVA; más aún, estimaciones privadas anticipan que el índice de precios de diciembre para esa franja de productos tiene un incremento del 3.5%. Es probable que tampoco perciban que el salto que darán los precios se vincula a una cuestión impositiva que busca su beneficio.

El aporte del sector empresario al absorber parte del IVA tiene que ver con la necesidad de incrementar el consumo. Para esa intención, el gobierno prepara otras medidas además de las que ya están en marcha con las que pretende que se vuelquen unos cien mil millones de pesos en el mercado interno.

El nuevo año ha llegado con medidas que alientan las expectativas de cambio.

Salta, 02 de enero de 2020

Te puede interesar