Domingo

Opinion 04 de noviembre de 2019
El domingo concluirá el año electoral en la Argentina y será Salta el escenario del cierre. No impactará sobre la realidad política nacional y su significación solo importará a los salteños, que definirán quién los gobernará los próximos 4 años y si se tienta con el poder que se ejerce desde el Gran Bourg, los próximos doce.
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Además de la fórmula para la gobernación y los intendentes en los 60 municipios, se renovarán la mitad de la representación legislativa y la totalidad de los Concejo Deliberantes. Se ponen en juego 445 cargos en toda la Provincia, que se disputan entre casi 10 mil candidatos. La responsabilidad de esta decisión es de casi un millón 33 mil ciudadanos, aunque no más de 750 mil concurrirán a las urnas si se atiende a los registros que viene repitiéndose en los últimos años.

Será una elección bisagra dicen los más entusiastas. En realidad, después de doce años hay menos condicionamientos para votar. Los afanes reeleccionistas no han ejercido presiones sutiles o directas sobre las estrategias electorales o, al menos, no se ha podido observar de manera abierta que desde el poder de turno se haya marcado quién es el elegido. Apenas se ha sugerido por dónde podría transitar la continuidad, no de un proyecto de Provincia, sino de un modelo de gestión.

Cinco fórmulas se han puesto a consideración de los electores, que tienen diferente capacidad de inserción o de influencia en la orientación del voto. No suenan con la misma fuerza los nombres de Gustavo Sáenz, Sergio Leavy, Alfredo Olmedo, Pablo López y Elia Fernández. Más aún, de buenas a primeras nadie podría afirmar que en las propuestas hay una sola mujer, que atravesó las primarias pese a la escasa voluntad de su sector de darle vuelo. Su postulación no contó con el apoyo de la fórmula presidencial que lideró su sector y que llevaba a otra mujer como principal motor de impulsión. Cristina no acompañó en la boleta a Elia Fernández, rompiendo la sororidad que se reclama desde el laborioso feminismo. 

No fue una campaña anodina desde las estrategias desarrolladas aunque desde las propuestas la cuenta cierra en cero. La precaria situación financiera de la Provincia no mereció ninguna consideración pese a que está en carrera un ex Ministro de Economía; tampoco los datos oficiales de la caída de todas las actividades generaron propuestas serias y conducentes. Ningún candidato expresó su preocupación por el elevado endeudamiento en dólares ni por el incremento de pasivos a partir de indemnizaciones que deberán pagarse por errores en decisiones políticas adoptadas en la última década.

Tampoco hay anuncios sobre lo que viene si Leavy o Sáenz se quedan con el Ejecutivo; o si Olmedo esta vez alcanza un propósito que viene persiguiendo desde hace varios años. Lo de López y Fernández son opciones para franjas muy estrechas de opinión pero constituyen alternativas que le dan peso a la democracia.

La superposición de campañas tapó el necesario debate sobre dos realidades íntimamente vinculadas pero distintas en muchos aspectos. La diferencia fue marcada por la ciudadanía que advirtió la dirigencia local que entiende qué corresponde al ámbito de decisión nacional y qué es facultad de gobiernos locales, municipales o Provincial.

Seguramente lo que ocurra hasta el domingo no cambiará la decisión tomada y que fue ensayada en unas primarias que operaron como una primera vuelta. Pero lo cierto es que la elección que decide es este domingo, que será un gran día para la vida institucional  salteña.

Salta, 04 de noviembre de 2019

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