Destino

Opinion 16 de octubre de 2019
Finalmente, la Cámara de Diputados inició el debate sobre una reforma política, contando con una mayoritaria coincidencia sobre su necesidad. Sin embargo, volvió a comisión el proyecto que habilitó la discusión para evitar que naufrague por las disidencias sobre distintos aspectos.

A la luz de lo expresado en la última sesión del cuerpo, la reforma que se pretende es meramente electoral y, por ahora, no avanzaría sobre aspectos de fondo como la calidad de la representación política que emerge del sistema vigente. Hay cuestiones que ni se mencionaron y otras, fueron citas tangenciales.

En principio, la iniciativa avanzó desde la misma jornada en que el escrutinio provisorio de las PASO provinciales informara de un honroso segundo lugar para el Frente de Todos. El propio ganador de la interna de ese sector advirtió la necesidad de eliminar lo que llama voto electrónico, por considerar que perjudicó su performance electoral.

No se esperó mucho y en pleno proceso electoral ingresó un proyecto de autoría del kirschnerista Ramón Villa, que se sumó a otros similares que nunca llegaron siquiera a tener un dictamen. La firme decisión de sacar el foco de atención de la escasa cosecha de votos del Frente que a nivel nacional lideran los Fernández también fue aprovechada por otros dirigentes que querían hablar de otros aspectos de la organización electoral provincial.

La propuesta de reemplazar la boleta única electrónica por la boleta única de papel dejó al desnudo que quienes cuestionan la primera, es por su falta de transparencia, además de otros reparos como que no asegura el secreto del voto, una de las virtudes esenciales del sufragio, que también es universal y obligatorio.

Otro cuestionamiento es su costo y así lo han reconocido en la sesión de este martes muchos de los oradores, cuando hasta aquí se ponderaba la economía de recursos que representaba, además que era un gasto que enfrentaba el gobierno y no los partidos. En el debate, el propio presidente de la Cámara de Diputados, del que no se conocían cuestionamientos a la boleta electrónica, valuó en 5 dólares cada voto emitido.

La gran virtud del mecanismo en aplicación desde  2013 siguió siendo reconocido: la posibilidad de una participación equitativa de todos los partidos; es la misma que tiene la boleta única de papel, como se aplica en Santa Fe y Córdoba, en Argentina y en otros países del mundo. Pero se hizo notar que, por intereses sectoriales, va perdiendo esa cualidad. La nutrida cantidad de listas participantes arma una trama compleja que genera confusión en la pantalla y no facilita la expresión de la voluntad popular.

No se mencionó el origen de esta distorsión porque no hubo pronunciamiento respecto de las listas colectoras. Se trata de un artificio para contener a la mayor cantidad de referentes dentro de un esquema de trabajo electoral, amplio en la base y estrecho en la cúspide. Se trata de un armado que fue pergeñado por el gobernador Juan Manuel Urtubey, presidente del Partido Justicialista, quien fuera el líder de una alianza con la que llegó al poder y repitió tres mandatos. Se manifestaba en la expresión “que florezcan mil flores”, que no era otra cosa que la concurrencia de todos los interesados a través de listas a categorías inferiores, para sostener la candidatura mayor. Al final del ciclo, el modelo colapsó.

La rueda de la reforma electoral empezó a rodar. Pero no hay hoja de ruta que marque su destino.

Salta, 16 de octubre de 2019

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