Señales

Opinion 07 de octubre de 2019
La sociedad habló y recordó a la dirigencia que el poder político está en manos de la ciudadanía. Reconoce liderazgos pero en tanto hagan un trabajo intenso a favor de sus demandas. También dijo que la tolerancia tiene límites y que sabe reconocer quién debe hacerse cargo de los problemas locales.
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De esto tomaron notas los referentes históricos de distintos partidos y si bien las PASO tienen solo la función de promover la participación ciudadana en los primeros estadios de la organización electoral, es ineludible una lectura correcta para determinar a dónde se orientará la voluntad del elector en los comicios generales.

Hasta los votos en blanco han dicho lo suyo en estas circunstancias. Se había destacado que la particularidad de las primarias del domingo fue la proliferación de listas, situación que conducía supuestamente a una confusión generalizada. Esta expresión de la opinión del elector oscila en cada elección en tres puntos y en esta oportunidad no fue diferente: 3.39% en la Provincia respecto de la categoría de gobernador, con un número razonable de ofertas. No ocurrió lo mismo con las propuestas para diputados y concejales, donde se concentraron apetencias insostenibles a la luz de los resultados. En Capital, el voto en blanco fue de casi 8%  en diputados y de casi 10% en la categoría de concejales.

También se confirmó la caída del sistema tradicional de partidos políticos. La estructura del Partido Justicialista, el más importante de la Provincia, viene mostrando su decadencia en cada elección. No alcanzó ni el 10% de los votos emitidos, pese a que nadie puede dudar de la pureza de la filiación de quien fue su principal candidato, el actual vicegobernador Miguel Isa. Ello no significa que como corriente de pensamiento esté superado; solo se ha devaluado como herramienta para alcanzar el poder y está obligado a debatir su futuro. Lo cierto es que ya no le alcanzan las historias de sus referentes tradicionales, como el propio Isa o Walter Wayar. Y se ratificó que el Justicialismo no es más el partido de los trabajadores y que la influencia gremial ya no alcanza para llegar a cargos electivos en los gobiernos. Dos intentos sucesivos de Jorge Guaymás, conductor indiscutido de un sindicato importante, terminaron en categóricas derrotas.

Estas primarias pusieron en jaque al caudillismo en varias localidades del interior pero no conmovieron a otros, especialmente en intendencias de localidades estancadas. Es el caso del polémico Julio Jalit, de Pichanal, cuyo frente llegó a un empate técnico con su principal opositor pero personalmente tuvo menos voto. También perdieron intendentes perpetuos como Ruarte, de Mosconi; Cornejo de Campo Quijano o Alcoba de Aguaray. Pero siguen atornillados a la jefatura comunal Pérez de La Merced, Córdoba de Ballivián o Gonza de San Lorenzo.

No menos relevante es que se nota una renovación dirigencial que se va afirmando  en referentes jóvenes, como el intendente de Rosario de la Frontera que va por un nuevo mandato o el de Rosario de Lerma, que busca una banca en la Cámara baja. En la Capital, jóvenes como Mónica Juárez, Mario Ernesto Peña, Martín Del Frari, Rodrigo Katsinis o Francisco Laiseca superaron en sus respectivos espacios políticos a veteranos como Humberto Vázquez o Alejandro San Millán o tuvieron un rendimiento exponencialmente superior a dirigentes como Guillermo Martinelli.

Las recogidas ayer son señales que no deben ignorarse; incluso las que revelan el conservadurismo de una sociedad que erigió como el hombre más votado para el Concejo Deliberante capitalino a un dirigente que hizo la diferencia jugándose por las dos vidas. O expresó un fuerte apoyo a un candidato que no negó su adhesión a un presidente que parece caer en picada.

Todo sirve porque anticipa el gobierno que viene.

Salta, 07 de octubre de 2019

 

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