Complejidad

Opinion 15 de agosto de 2019
Un tiempo político diferente vive la dirigencia provincial respecto del resto del país. A las dificultades de una semana de turbulencias en la situación económica, carga sobre sus espaldas la responsabilidad de dar las puntadas finales a una propuesta que presentará a los electores para definir el próximo gobierno salteño. El próximo sábado vence el plazo para la presentación de listas de candidatos que participarán de las PASO de octubre y es una tarea titánica.
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La dimensión de ese trabajo puede estimarse a partir de la apreciación de la estructura sobre la que se opera. La Provincia de Salta cuenta con casi 30 partidos reconocidos, 12 de los cuales son de distrito pero integran uno de orden nacional. En el conjunto de provincias se ubica en una franja media respecto de la cantidad de entidades y se aleja de estados como Buenos Aires, que tiene casi 70 partidos o Capital Federal, Córdoba o Santa Fe, que superan los 40. También hay distritos como Tierra del Fuego, que si bien apenas tiene una decena, en relación a su población y a su corta historia institucional como provincia es una cifra que da cuenta de la fragmentación en la organización partidaria. Cierto es, de todas maneras, que tal situación es una tendencia en el país, la región y el mundo.

Pese al número de partidos –a los que deben sumarse casi un centenar de agrupaciones municipales-, el sistema no alcanza la fortaleza que sería menester. Casi 4 mil afiliados es la cifra de arranque para un partido provincial pero el esfuerzo parecería empezar y terminar en la planilla de creación y renovación anual para mantener viva la entidad. La militancia es otra cosa.

Por ello es que, en otra actitud que es generalizada en estos tiempos, se ve la migración de referentes, algunos solos y otros con el sello de su partido, de un lado a otro. Los aliados de las anteriores elecciones pueden ser los contrincantes de la próxima.

Así será en este caso y podrá verificarse cuando se analicen los alineamientos de partidos en frentes y de dirigentes en listas de candidatos. Hay acercamientos que no se explican en términos ideológicos o doctrinarios; algunos se fundan en la actitud orgánica de cierta dirigencia o en la relación personal entre los protagonistas.

Tras la inscripción de alianzas provinciales, han quedado como participantes para los comicios de octubre y noviembre cuatro sectores que nuclean a buena parte de la estructura partidaria. Por sus nombres o por su tradición, queda en claro cuáles son los ejes vertebrales de estos frentes. Por ejemplo "Sáenz Gobernador" u “Olmedo Gobernador” ahorran cualquier aclaración sobre cuál es el montaje de los acuerdos. En todo caso, sí demandan muchas razones para entender su armado.

El Frente de Izquierda de los Trabajadores-Unidad es la versión local de una alianza nacional que ya ha debutado sin alterar sus resultados de siempre, que la han dejado en cuarto lugar en la carrera presidencial. Y el Frente de Todos también repite ese esquema pero es merecedor de otras consideraciones. Efectivamente, en Salta no habrá notorias variantes del armado que ha dejado sugerido el nombre del próximo presidente. La excepción es que para las provinciales hará realidad un propósito que fue una de las claves de su éxito, y es la incorporación del Partido Justicialista, que se prepara para ser Gobierno de la Nación y continuar en la Provincia.

Esta descripción no pareciera contener la complejidad que este mapa político. Se exhibirá cuando los nombres protagónicos estén definidos,

Salta, 15 de agosto de 2019

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