Liderazgo

Opinion 14 de agosto de 2019
Ya vio la luz el paquete de medidas que el presidente Mauricio Macri el propio lunes informó que había ordenado definir. Son de cortísimo plazo y solo pretenden cubrir algunas demandas para que en octubre, el humor social no sea tan negativo para con el gobierno.
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El objetivo es asegurar gobernabilidad por lo que el mandatario nacional sumó una convocatoria al diálogo a los candidatos presidenciales que quedaron en carrera. Se interpreta que el propósito es pedir que no agreguen leña al fuego.

Los anuncios del día no cubrieron todas las demandas porque el impacto de los resultados electorales empeoró la situación por la devaluación en una economía dolarizada y aparecieron nuevas urgencias. El listado de medidas apenas considera de manera directa a las PyME y apunta a aliviar la asfixia que genera el fisco. De allí que lo dispuesto apunta solamente a facilitar el pago de deudas impositivas. Indirectamente podrían beneficiarse con una mayor capacidad de consumo de trabajadores y beneficiarios de subsidios sociales si el mercado se calma. Pero no hay señales en ese sentido.

Es así que la inestabilidad de las últimas horas ha puesto a las farmacias al borde de alterar su relación con las obras sociales. Los medicamentos son insumos muy sensibles a la escalada del dólar por lo que no podrían sostener el financiamiento, cuando se está a las puertas de un ajuste de precios cuya envergadura es imprecisa a estas horas.

La mención a las farmacias es por la naturaleza de su actividad. El impacto negativo de aumentos en el  precio de medicamentos profundiza el malestar que en general genera la actual inestabilidad. Toda la actividad económica está perturbada al punto que la propia Cámara de Comercio ha tomado nota que algunos asociados por estas horas prefieren cerrar sus casas antes que  vender a precio irreal, afectando su capacidad de reposición. Quienes optaron por continuar con las ventas, ya han producido remarcaciones o alteraron las condiciones especialmente respecto del uso de tarjetas de créditos. En ese orden, cabe hacer notar que quedó en una situación precaria la continuidad de la aplicación de planes de financiación como Ahora 12 o Ahora 18, que hasta la semana pasada era una modalidad  recomendable para salir de la depresión del consumo.

Si bien hay líneas de productos cuya demanda puede postergarse hasta tanto haya mayores certezas, hay otras que no pueden quedar sujetas a la especulación. Es el caso de los alimentos, a los que la escalada del dólar y la suba del riesgo país no tratan con consideración especial alguna. Un ejemplo puntual es el pan, respecto del cual ya se confirmó que desde el lunes en Salta habrá un nuevo precio.

Con excepción del Gobierno Nacional, responsable de la fijación de políticas macroeconómicas, los distintos sectores vinculados a su aplicación solo pueden ejercer su legítimo derecho a defender su patrimonio en un marco de responsabilidad social debidamente acotado. Difícilmente las empresas argentinas pretendan sacar ventajas espurias en estas horas; por el contrario, deben extremar los esfuerzos para cubrir los bienes de capital y los recursos humanos, cuya capacitación es un bien imponderable. Los anuncios de hoy seguramente no han calmado la inquietud de empresarios y trabajadores activos y pasivos.

La dirigencia política está obligada a asumir por estas horas un papel fundamental porque por encima de sus aspiraciones electorales, hay un país inquieto y angustiado que confía en su liderazgo.

Salta, 14 de agosto de 2019

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