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Opinion 01 de julio de 2019
Concluyó la segunda etapa de la remodelación del área centro de la Capital. Lo que se avanzó hasta este punto significó la inversión de ingentes recursos financieros, técnicos y humanos pero así también puso a prueba la paciencia y la tolerancia de los vecinos, muchos de los cuales quizás no tuvieron elementos para ejercitar la comprensión necesaria frente a la envergadura de la obra.
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Se le llama el Corredor de la Fe pero no incluye solamente un confortable recorrido por los principales templos católicos del área histórica de la ciudad. Incorpora una serie de elementos que le dan el verdadero valor a una obra que debe continuar, aun trascendiendo una gestión de gobierno. La etapa inaugurada ayer consistió en la construcción de un canal para contribuir a morigerar inundaciones estivales que desde antaño significaron un problema que escasamente se declaró como una preocupación de los sucesivos gobiernos comunales.

Ayer se habilitó un nuevo espacio en cuya construcción se invirtieron más de 60 millones de pesos, de los que no se debe un peso según las expresiones del intendente Gustavo Sáenz. Al canal de calle España, que desemboca en el ducto de avenida Bicentenario, que termina en el canal Yrigoyen, se sumó el soterramiento de cables y en la superficie, no solo una nueva estética que integra veredas y calzada. Además, se sumó a la forestación con la colocación de 12 lapachillos amarillos, totalizando hasta ahora 67 árboles en el Corredor de la Fe y 24 arbustos en macetas.

Esta somera enumeración de trabajos permite reconocer algunos objetivos planteados para la vida comunitaria en la ciudad más importante de la Provincia. El diseño se corresponde con la construcción de calles de convivencia, vías que permiten un tránsito ordenado de personas y vehículos. Compensan en un sector una carencia muy marcada en una urbanización de veredas angostas, tránsito violento en no pocos tramos y ocupación descontrolada de muchos espacios públicos.

La concreción de esta obra fue destacada ayer como un trabajo conjunto de distintos niveles de gobierno. Especialmente se reconoció un acuerdo que viene funcionando prácticamente desde la asunción del actual gobierno comunal. Es ocioso recordar los resultados de gestiones del intendente Sáenz en la metrópolis, que resultó en un flujo permanente de fondos desde el Ejecutivo Nacional.

Otro aspecto es el cumplimiento de tal acuerdo de colaboración, más allá de las restricciones del gasto público dispuesta en los últimos tres años. Mostró un modelo de gestión que se alejó de la práctica de extorsión que suele verificarse entre quienes toman el tesoro público como una caja personal para castigos y recompensas. Es probable que haya resultado en recíprocos beneficios de orden electoral pero su distribución quedó en el plano de la voluntad popular.

Como un aspecto pendiente quedará demostrar que la atención que ha venido demandado la mejora en el área central de la Capital no ha perjudicado a su periferia o en la compensación de beneficios, no hubo pérdida para algún sector. En ese orden debe tomarse en cuenta que Salta es un destino turístico, que genera ingresos a través del amplio abanico de actividades que incluye la prestación de este servicio.

La ciudad es de todos y su estado es responsabilidad de los vecinos sin diferencias de ninguna naturaleza. Esa es la clave de una convivencia armoniosa.

Salta, 01 de julio de 2019

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