Reconciliar los géneros

Opinion 10 de octubre Por
Octubre es un mes, para la sociedad civil y comercial, marcado por la fiesta del día de la Madre.
madre-padre-estres

La maternidad evoca el surgimiento de una nueva vida y conlleva a la esperanza y la alegría como actitudes del ser humano.

La madre ha sido fuente de inspiración, a lo largo de los siglos, para el arte, la música y la poesía. Pensemos en Mercedes Sosa con su tema interpretado por muchos cantantes latinoamericanos, “Las Manos de mi Madre”, o Elton John con su tema “Mother”, Amaia Montero con “Te voy a decir una cosa”, o “Mama vieja”, esa zamba tradicional interpretada por los Visconti y con genial presentación de Los Chalchaleros. En la música moderna y antigua, en el rock  o en folklore aparece la madre como la musa que arranca los sentimientos más nobles del corazón humano.

Gustavo Adolfo Becker, Unamuno, Gabriela Mistral han plasmado en distinguidos poemas  su ternura por la madre.

Ella, desde la antigüedad, más aún, desde la prehistoria aparece como la “jefa del hogar”, encargada de la guarda, cuidado, alimentación y vestidos de los hijos, mientras la figura del padre aparece ligada más a la provisión de recursos y defensa de la casa. Quizás este profundo sentimiento sea el que aún subsiste en el interior del corazón humano, y hace sublimar la figura de la madre y ver al padre como alguien más lejano, como errante.

Pero los tiempos han cambiado, y nuevos paradigmas ligados a la familia, al rol de la mujer en la casa y en la sociedad, a la función paterna van instalándose en nuestra sociedad. Algo nuevo está pasando.

Asistimos a una puja de fuerza entre el hombre y la mujer, y se van quebrando  paradigmas prehistóricos, donde podemos ver muchos hogares con hombres desempleados, convertidos en jefes de hogar y mujeres que  sostienen la economía doméstica. La tensión y el maltrato mutuo desdibujan sus roles. No emito juicio sobre lo que es mejor. Solo reconozco un cambio que deberemos asumir y esperar ver adónde nos encaminamos.

Pienso en la cultura general, que en todas sus expresiones, ensalza la figura de la mujer madre, y viene a mi mente, la paradoja existencial de este culto a la madre y los femicidios, que parecen el pan cotidiano.

Algo está pasando, algo está cambiando. Hay un deterioro de los valores elementales de respeto al otro, y una espiral de disgusto y mal humor.

Dirán algunos, que es la desocupación, que es el narcotráfico, las drogas y la pobreza, las causas de esta paradojal situación. Creo que no es sólo eso, algo más está pasando. Hay una guerra de géneros provocada, no sólo de varón y mujer, sino de cualquier expresión que al ser diferente se ve como agresión.

La violencia no tiene géneros, anida en el corazón humano que se despoja de buenos sentimientos. El supremo egoísmo y soberbia de  creer que no necesitamos de nadie, alimenta la soledad existencial y la violencia.  Somos miembros de una comunidad humana universal donde unos dependemos de los otros, hombres y mujeres, ancianos, niños y jóvenes. Nadie es el ombligo del mundo.

Es necesario reconciliar al hombre y a la mujer. Redescubrir la necesaria interacción y comunión para vivir mejor.

Celebrar el día de la madre es una oportunidad para pensar que nos está pasando como sociedad frente a la violencia hacia la mujer. Reflexión que no debe ser exclusiva de los hijos, o de los varones, sino también a las mujeres, las que son madres y las que no, las que pusieron el cuerpo y las que adoptan de corazón. Es necesario reconciliarse y valorarse en cada uno en su elección y en su naturaleza. Es necesario repartir las cargas de la vida, es necesario que cada uno se convierta en un cirineo para el otro, como aquel que ayudó a Cristo a cargar la cruz, sepamos soportar el peso de la convivencia diaria con alegría.

Te puede interesar

Te puede interesar