Identikit

Opinion 27 de septiembre
La violencia de género como hecho cotidiano en Salta volvió a golpear y obligó a la Ministra de Justicia y Derechos Humanos a dar explicaciones públicas de la gestión oficial en la materia. Seguramente la funcionaria considera que basta con la tarea intensa y continua que el Ejecutivo Provincial viene desarrollando, según su versión, pero que a la luz de los resultados es casi inexistente y lo fue para las 20 mujeres que han perdido  la vida en lo que va del año.
IDENTIKIT

Como una síntesis de las acciones que se están implementando, Pamela Caletti  aseguró que nunca se hizo tanto contra la violencia de género como en este tiempo. Para graficar la lucha explicó que “se está armando el identikit del monstruo al que nos enfrentamos”.

Horas antes, la propia Cámara de Diputados fue acusado de encubridora por uno de sus miembros al no esforzarse en llevarla a que dé explicaciones sobre una situación que tiene a esa funcionaria como principal responsable política de lo que les sucede a las mujeres. La diputada Gabriela Jorge advirtió que se está empujando a las propias afectadas “a que tomemos en nuestras manos la resolución de esta barbarie”.

A ambas partes le asisten razones, para defender su gestión como lo hizo la ministra enumerando enfáticamente las medidas implementadas o atacarlo, como lo hizo la legisladora al señalar que Salta muestra las peores cifras de violencia, que no solo es física sino también institucional.

Le asisten razones a la diputada para asegurar que hay una manifiesta incapacidad en el Estado para resolver el problema. Y sumó que no es casual que la lista oficialista para las elecciones del 22 de octubre sea encabezada por un candidato que ha negado lo que fue fácilmente comprobable: las denuncias contra su persona por violencia de género.

Pero también hay razones atendibles en el alegato de la funcionaria del Ejecutivo, quien dijo que la tarea apunta a disolver patrones machistas y de ndesigualdad, lo que constituye procesos difíciles para desaprender lo impuesto por una cultura patriarcal. Y no es un fenómeno local.

A lo hecho, que abarca hasta la asistencia a la familia afectada por un femicidio, se están sumando por estos días la educación sexual integral  y la intervención en los violentos para prevenir que repita sus ataques y solo cambie de víctima.

Juzgados y fiscalías de violencia, programas asistenciales, contención psicológica, subsidios, pulseras y botones antipánico; nada ha sido efectivo hasta el momento. Ahora se trabaja en educación, especialmente de niños, adolescentes y jóvenes, como prevención y en el empoderamiento económico de las mujeres, para romper dependencias nocivas.

Se requiere continuidad, control de resultados para efectuar ajustes oportunos y provisión suficiente de recursos. Eso demanda tiempo y participación de toda la sociedad.

En esta tragedia no hay figuras protagónicas.

Salta, 27 de septiembre de 2017

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