Tiempo

Opinion 14/09/2017
Los cultos del Milagro están acercándose a su momento culminante. El paisaje cotidiano de la principal ciudad de la provincia se ha alterado significativamente con la presencia de decenas de miles de salteños que llegan por fe, curiosidad o necesidad a acercarse a las imágenes religiosas más importantes, que para la mayoría de la población encarnan la idea de trascendencia que lograron definir.
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Ese movimiento está emergiendo como una expresión cultural que manifiesta la forma de relacionamiento de las generaciones actuales con los Patronos Tutelares de la comunidad católica. Pero también está construyendo un nuevo atractivo que convoca a visitantes de diversos puntos del país, de la región y el mundo, ya que las peregrinaciones de estos días han sido incorporadas por organizaciones especializadas al calendario  turístico religioso mundial.

Para el salteño es un hecho conmovedor que sacude incluso a quienes no profesan fe alguna. Se reconoce que el peregrinar es un fenómeno permanente del hombre en todos los tiempos  y especialmente se lo vincula a una búsqueda de orden espiritual. El peregrino encuentra lo sobrenatural en un lugar preciso, donde observa una realidad diferente a la profana y allí deposita sus demandas, convertidas en un ruego.

Por unas pocas jornadas, para estos grupos que se desplazan por una geografía difícil en no pocos casos, no hay otra obligación que alcanzar su objetivo, que es el de llegar a la Catedral Basílica. Pero no reconocen más liderazgo que la fuerza de su propia fe; el resto es solo una herramienta al servicio de ese propósito.

Una decisión individual está integrando un fenómeno colectivo del que se habla en todo el país. Se manifiesta en más de 150 columnas que desde inicio de setiembre estuvieron atravesando el territorio y que hasta mañana cerrarán un arribo de unas 80 mil personas a través de este medio.

Paralelamente, las peregrinaciones están acompañadas por un movimiento solidario del que participan muchos capitalinos. A través de organizaciones de la sociedad civil o de emprendimientos que sirven a ese único fin, concurren en asistencia de los peregrinos con distintos elementos y con modalidades que se van perfeccionando en la medida que año a año se acumula experiencia. También esta organización no demanda otra conducción que la decisión personal de formar parte de un acto de fe.

El tiempo del Milagro no sólo es un momento religioso. La transformación de la cotidianeidad citadina está indicando que la sociedad se mueve por carriles que ella misma construyó para adaptarse a una situación transitoria que la atraviesa, obligando a renovar los vasos comunicantes de una comunidad organizada.

Salta, 14 de septiembre de 2017

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