Dante

Opinion 07 de agosto
Hace ocho años vive en una jaula o un corralito o en una burbuja de madera; tiene catorce años y no evidencia señales de maltrato. El niño no está desnutrido, como suele ser común entre los pequeños de las comunidades originarias y durante la noche duerme tranquilo en su cama.
niño alto la sierra

Lo suyo son problemas neurológicos severos, como padecen decenas de niños  que pasan su día en sillas de ruedas o en escuelas especializadas, para morigerar los efectos de un cerebro enfermo. Es decir, su mayor problema es la pobreza, en la que se manifiesta un dato común: el abandono del Estado o, en el mejor de los casos, una asistencia deficiente.

No es fácil vivir a 70 kilómetros de Santa Victoria Este, una localidad distante a 500 kilómetros de la Capital, muy cerca del río Pilcomayo, en el límite entre Bolivia y Paraguay; peor aún si se pertenece e una comunidad wichi. Sobre cualquier grupo originario hay una incomprensión cultural que genera un trato discriminatorio permanente.

Cuando un periodista subió a las redes sociales un video sobre la cotidianeidad del niño, el impacto rompió los límites de su pequeño mundo enrejado y provocó todo tipo de emociones y, especialmente, el desconcierto del Gobierno Provincial. Un comunicado dando a conocer la firme decisión del Poder Ejecutivo de llegar a las últimas consecuencias para determinar responsabilidades, fue la primera reacción. La Ministra de Justicia y Derechos Humanos pidió la inmediata intervención del Fiscal y de la Asesoría de Menores e Incapaces y su par de Salud lamentó que hayan pasado tantos años y recién mostrarlo. Luego se supo que la cartera de la Primera Infancia estaba interviniendo desde febrero pasado y fue la que confirmó el amor que le prodiga la familia. La morosidad en concurrir con recursos profesionales para mejorar la situación sanitaria y también prestarle mayor seguridad para permitirle más movimientos sin poner en riesgo su integridad física es, quizás, el principal problema.

Otro aspecto que queda en evidencia es la mala o inexistente política de comunicación del Gobierno Provincial, tanto interna como pública. Si la familia hubiese tenido la contención suficiente no hubiese permitido que la imagen de un niño discapacitado diera vuelta el mundo, aún con la buena intención de concurrir en su ayuda. Ante el hecho consumado, se hubiesen dado a conocer de inmediato de las medidas de intervención ya adoptadas y no mostrar al principal responsable de la conducción política de la Provincia como un disruptivo en un proceso en marcha.

El escándalo generado por la difusión pública obligó a ratificar que para el Gobierno es prioritario proteger a los niños y sus derechos. Con un proceso electoral en marcha, el mensaje se consideró como parte de la campaña del oficialismo pero la denuncia de la existencia del niño enjaulado fue sospechada de un uso espurio por parte de la oposición.

Ojalá todo concurra a revertir la situación de Dante y su familia. El resto quedará en la anécdota.

Salta, 07 de agosto de 2017

 

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