Generalización

Opinion 31/07/2017
La lucha contra la corrupción ha tenido un nuevo cimbronazo. A poco que en la Cámara de Diputados se frustrara el propósito de excluir de su seno al ex ministro kirchnerista Julio De Vido, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos solicitó que se morigeraran las condiciones de la prisión preventiva de una referente social acusada de malversación de fondos públicos en cantidad y volúmenes exorbitantes.
milagro sala

Hace un mes y medio, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos  visitó a Milagro sala, líder de la Tupac Amaru en prisión en Jujuy. El resultado fue un pedido para que continúe esperando su juicio fuera de la cárcel en un arresto domiciliario o en libertad sometida a procedimientos de control que tienen en Argentina, como los brazaletes o cualquier restricción de salida. La entidad destaca que aunque las condiciones materiales en las que Sala se encuentra en el centro de detención son razonables dentro de los estándares internacionales, hay condiciones que agravan su privación de la libertad. Se trata de una estricta vigilancia y el inicio de procesos disciplinarios por su conducta dentro del penal, que pueden afectar  su integridad psíquica, moral, generando un cuadro peligroso para su vida.

En el caso de De Vido, se echó mano a las interpretaciones sobre el alcance de las facultades constitucionales que habilitan a una cámara a sancionar con la exclusión a uno de sus miembros. Y si bien hubo una opinión favorable, no fue lo suficientemente mayoritaria y ello llevó  a mantener en su banca a un ex funcionario procesado y severamente cuestionado.

En un proceso electoral en marcha, los problemas de gestión política toman mayor envergadura.  Sus debilidades se potencian y son los momentos en que la población incrementa sus reclamos. Sin embargo, no pareciera hacer mella en la figura que encarna uno de los regímenes más corruptos de la historia institucional argentina. La primera conclusión es que la corrupción no está al tope de las preocupaciones ciudadanas.

Los especialistas afirman que la corrupción no es el problema, sino es la evidencia de su existencia. En ese orden la recomendación apunta a cambiar las estructuras institucionales que, suponen, son las que facilitan, promueven, habilitan las ocasiones y las oportunidades para que se instale el problema y contamine a gran parte de la política, pero también a quienes se vinculan con el Estado, como por ejemplo  el empresariado vinculado con las contrataciones de la obra pública.

Por eso es que en esta campaña emergió la mención de la corrupción, en no pocos casos con la intención de  mejorar el posicionamiento de los pre candidatos frente a las preferencias de los electores. Hasta el momento, no fue muy eficaz el recurso.

Debe advertirse que no se debe a una adhesión popular a los ilícitos sino a que la raíz estructural que se denuncia, une a la política –y sus protagonistas- con la corrupción, en una generalización altamente dañina. Y eso se debe combatir.

Salta, 31 de julio de 2017

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