Fango

Opinion 27/07/2017
Fue reconocido durante el debate. El de ayer en la Cámara de Diputados de la Nación rozó uno de los problemas más graves del país: la corrupción, una cuestión pendiente de resolución, como se asumió en una jornada que fue calificada como un día muy importante para la sociedad argentina.
de vido sesion

De ese análisis resultó que todos sospechan de todos y que ningún sector político puede tirar la primera piedra.

El motivo fue la expulsión del cuerpo de un funcionario emblemático de todas las gestiones  kirchneristas  y el resultado de la votación le dejó sabor a triunfo a los principales contendientes y, al parecer, un sabor amargo en buena parte de la ciudadanía. Es que Julio de Vido seguirá en la banca pero el oficialismo logró un alto consenso para su iniciativa. Solo 20 votos le faltaron para alcanzar su objetivo.

Todos los legisladores salteños estuvieron presentes a la hora de la votación: seis votaron a favor de la expulsión y solo uno en contra. Los legisladores del PJ y de Cambiemos no hablaron pero sí lo hicieron dos extremos del arco político: Alfredo Olmedo y Pablo López. No fue la única coincidencia: ambos cargaron contra el acusado pero también contra el  oficialismo.

Según un proyecto del macrismo, el exministro de Planificación Federal debía ser expulsado de la Cámara de Diputados por “indignidad moral”. El dato sobresaliente del debate que generó la propuesta es que, al parecer, ningún sector político ni los legisladores que los representan tienen la autoridad moral o ética para calificar a quién  cuenta con más de un centenar de denuncias, 26 imputaciones y cinco procesamientos por presuntos delitos contra la administración pública.

Acciones e intenciones fueron puestas en el banquillo de los acusados, igualando hacia abajo a la representación política del Pueblo de la Nación Argentina. El propio acusado devolvió el cargo a quienes se lo estaban endilgando acusándolos de tener una “vergonzosa moralidad oportunista”. Desde esa barricada, sus defensores llegaron al extremo de pretender blanquear la historia del ex ministro, cuyo ex gabinete está detenido o va camino a ello, asegurando que quienes le sacan honorabilidad a la Cámara son los acusadores.

Quienes pretendían tomar distancia de los principales protagonistas -porque nunca tuvieron en sus manos al gobierno nacional- blandieron la vara para medir la corrupción pero naturalizaron  la confusión de los negocios privados y los recursos públicos. Acompañaron al kirchnerismo en la acusación de que el oficialismo se arriesgó a perder una votación para montar un show electoral.

A los ojos de una ciudadanía desconcertada quedó la imagen de una dirigencia política que avanza caminando en el mismo fango.

Salta, 27 de julio de 2017

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