Tender puentes es construir futuro

Opinion 11 de julio Por
Hablando en las columnas anteriores sobre la necesidad de superar las grietas y romper los muros que nos separan como sociedad, alguien me advirtió que no sea iluso o "buenudo", que era imposible en el estado en que estaban las cosas intentar restaurar la unidad nacional.
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Desde el mismo poder durante décadas se alimentó la división, que se fue acentuando en los últimos años con discursos que nos llamaban más a la desintegración social en nombre de la unidad con la lógica de amigo-enemigo, que a la unidad nacional,  ubicándonos en algún lado del muro o de la grieta.

Pero tender puentes, no es sólo una frase motivadora y bonita. Es una exigencia de nuestro tiempo para encontrar un camino de superación y recuperar el espíritu de la nación.

La palabra clave de esta nueva construcción se llama "diálogo". Pero el verdadero diálogo supone el intercambio de ideas, posturas o convicciones frente a cuestiones comunes que preocupan a ambas partes. En ese lugar y desde ese lugar común donde se puede abrir un diálogo auténtico y constructivo.

La sociedad en general y los sectores políticos e instituciones que trabajan por el bien común necesitan dialogar y tender puentes. Si la misión principal de la vocación política es el arte de servir al bien común, construir el bienestar general para el presente y el futuro, y contener a toda la población, especialmente, a los más vulnerables, debería hoy, iniciar un espacio de diálogo. Si se pone un oído atento en el pueblo, en la gente común, encontrarán miles de temas que preocupan, más allá de las cloacas o la pavimentación de las calles. Existen graves problemas que tienen que ver con la seguridad, la desocupación, la pobreza creciente, la educación, la salud pública, la droga, la trata de personas, el narcotráfico, la inestabilidad económica creciente, la falta de servicios esenciales como el agua potable, los costos de las tarifas en los servicios públicos  y otros tantos temas de la construcción cotidiana de la vida social. Bases y temas para dialogar sobran y faltará tiempo.

Dialogar sin olvidar la historia ni las convicciones. No es un diálogo ingenuo. Se parte siempre de las propias convicciones.

Es cierto, que los partidos políticos prácticamente no existen, pero creemos que existen principios en distintos movimientos o frentes, desde donde se pueda comenzar a dialogar. Es un momento confuso, en este punto. ¿será tan grande la preocupación por el bien de los pobres, que algunas personas pasan de extremo a extremo en sus convicciones políticas? o, tal vez, están preocupados de asegurar un cargo o una posición que les permita mantenerse en el poder.

Dialogar con memoria, construir el futuro sin olvidar. Perdonar y seguir pero, con sentido de justicia. Justicia que supone reparar el daño realizado en el nivel que se haya producido. Es un momento confuso. El que hizo mal y el que no hizo nada, antes de sentarse en una mesa de diálogo, debe reparar el daño realizado por acción o por omisión. O tal vez, deba dar un paso al costado.

Hay que tender puentes en los ámbitos de la vida política, de la vida social, de las instituciones, de los grupos o movimientos barriales. Es necesario, es imperioso comenzar a hablar sobre las preocupaciones que nos unen y lo que podemos construir a futuro. Es necesario e imperioso recuperar la dignidad de la vocación política como constructores y servidores del pueblo buscando el bienestar general. Trabajar por la unidad de la patria no es meter la basura debajo de la alfombra, es enfrentar la realidad con esperanza, enfrentar los problemas comunes y comenzar a actuar.

Tender puentes es un trabajo de ingeniería que requiere hacer buenos cimientos de un lado y del otro de la grieta. Cimientos de principios y convicciones sólidas, cimientos de verdadera vocación de servicio al prójimo, más que asimismo. Cimientos de la verdad histórica y la reconciliación genuina que se basa en la justicia.

El político o el ciudadano común que pueda mirar, como un atalaya, más allá de sus propias narices, de sus mezquinos intereses, de su cómoda posición de vida, descubrirá un mundo a su alrededor que le suplica desde la inseguridad, la pobreza, las enfermedades, la marginalidad, las adicciones,  que se levante y se ponga manos a la obra para tender puentes, que comience a construir el futuro.

Felipe Hipólito Medina

Lic. en Ciencias Religiosas

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